Teherán ha negado la posibilidad de un acuerdo provisional con Estados Unidos para la reapertura del estrecho de Ormuz, tras la incursión israelí del domingo en la capital libanesa y los intercambios de proyectiles con Hezbolá. La República Islámica ha vinculado directamente la consecución de cualquier pacto con una desescalada en Líbano, una condición que Israel ha declarado inaceptable.

Negociaciones en suspenso por escalada regional

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anticipado el sábado en Truth Social la inminente firma de un acuerdo que permitiría la liberación del estratégico estrecho a buques comerciales, pronosticando un fin de las hostilidades. Sin embargo, un funcionario iraní no identificado, cercano al equipo negociador, informó a la agencia semioficial Fars que no se alcanzaría ningún pacto este domingo. Esta información fue corroborada por fuentes familiarizadas con el asunto que mencionaron la falta de aprobación del texto por parte del líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, hasta el pasado viernes.

La situación tomó un giro crítico cuando el ejército israelí atacó Beirut, justificando la acción como una respuesta a los proyectiles lanzados por Hezbolá contra el norte de Israel. Según la Agencia Nacional de Noticias libanesa, el ataque dejó tres muertos y quince heridos en los suburbios del sur de la capital.

Mohammad Bagher Ghalibaf, principal negociador iraní, expresó que continuar las conversaciones carecía de sentido si Estados Unidos no demostraba la «voluntad y capacidad» para cumplir sus compromisos y evitar los bombardeos israelíes en Líbano. Medios estatales iraníes advirtieron que los ataques en Beirut no quedarían «sin respuesta». En contraste, el ministerio de Asuntos Exteriores de Israel responsabilizó a Hezbolá por los ataques «sin provocación alguna» y afirmó que no se tolerarán disparos contra su territorio.

Puntos clave del posible acuerdo y las exigencias iraníes

Un hipotético acuerdo provisional contemplaba la reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Teherán a cambio del levantamiento del bloqueo estadounidense a los puertos iraníes. Ambas partes extenderían un alto el fuego de aproximadamente dos meses y se comprometerían a futuras negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

Irán ha insistido en incluir un alto el fuego en Líbano como condición indispensable, una demanda que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha rechazado rotundamente hasta que Hezbolá sea desarmado y cese sus ataques. Otro punto de fricción es la liberación de decenas de miles de millones de dólares en fondos iraníes congelados en países como Qatar. Fuentes citadas por Reuters sugieren que un borrador del memorando de entendimiento contemplaría la liberación de 25.000 millones de dólares en activos.

Trump y otros funcionarios estadounidenses han enfatizado que Irán no recibiría fondos de manera inmediata, sino que los beneficios financieros estarían condicionados al cumplimiento de los términos del acuerdo, incluyendo la libre circulación de tráfico por el estrecho de Ormuz. Además, el presidente estadounidense ha manifestado su intención de «entrar a por el polvo nuclear» para destruirlo una vez se resolvieran otros componentes del acuerdo.

Mediación y volátil contexto geopolítico

Las negociaciones, que han involucrado a mediadores como Pakistán y Qatar desde el inicio del alto el fuego el 8 de abril, han estado marcadas por una extrema fragilidad. Una delegación qatarí llegó a Teherán el domingo para intercambiar mensajes entre Irán y EE.UU. en relación con el Memorando de Entendimiento, según la agencia de noticias iraní ISNA.

El contexto regional sigue siendo altamente volátil. Hace menos de una semana, Irán lanzó misiles balísticos contra Israel en respuesta a un ataque israelí contra Beirut. La tensión se agudizó con el derribo de un helicóptero Apache, atribuido por Estados Unidos a Irán, lo que provocó enfrentamientos directos. Trump, tras anunciar un inminente acuerdo, había considerado atacar más objetivos militares, una postura que cambió tras la amenaza iraní, según un diplomático, de poner fin a las negociaciones si se producían nuevos ataques.

La interrupción del estrecho de Ormuz, una ruta vital para el petróleo mundial, ha tenido un impacto significativo. A pesar de una leve bajada en los precios del crudo, la anticipación de una guerra total podría llevarlos por encima de los 100 dólares por barril, lo que exacerbaría la inflación global. Estados Unidos y otras naciones han recurrido a sus reservas estratégicas de petróleo, las cuales están alcanzando mínimos críticos.

La situación actual coloca a Donald Trump bajo presión interna, con halcones en EE.UU. instándole a reanudar la confrontación militar con Irán en lugar de liberar fondos. La volatilidad de la política exterior estadounidense, con constantes cambios entre la amenaza bélica y el diálogo, refleja la complejidad de la situación en Oriente Medio.

Impacto regional y global

La inestabilidad en la región, agravada por este último desarrollo, tiene profundas implicaciones económicas y políticas a nivel global. El precio del petróleo, la seguridad de las rutas marítimas y el riesgo de una escalada militar mayor son preocupaciones latentes que impactan desde las bolsas de valores hasta la inflación en los hogares de todo el mundo. La respuesta de actores como el Líbano, que ya sufre una profunda crisis económica, es también un factor crucial a observar, ya que la capacidad de reconstrucción y estabilidad de la nación se ve directamente comprometida por estos conflictos recurrentes.