Bogotá, Colombia – Una propuesta legislativa presentada en el Congreso de la República busca endurecer las sanciones contra individuos que, ocultando su identidad con capuchas, cometan actos vandálicos durante manifestaciones públicas. El proyecto de ley, radicado por congresistas de Cambio Radical y el Centro Democrático, plantea modificar el Código Penal para establecer penas de prisión que podrían alcanzar hasta los 96 meses (ocho años), además de cuantiosas multas.
Detalles del Proyecto de Ley y sus Implicaciones
La iniciativa legislativa, impulsada por representantes a la Cámara como Julio César Triana (Cambio Radical) y Jaime Arizabaleta (Centro Democrático), junto a otros colegas de bancada, apunta directamente a lo que describen como «vandalismo cometido durante protestas, reuniones, movilizaciones o concentraciones públicas cuando el responsable se aproveche del ocultamiento de su identidad».
Las principales directrices de la propuesta son:
- Sanción por vandalismo con identidad oculta: Pena de prisión de entre 54 y 96 meses.
- Multa económica: Entre 50 y 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes.
- Agravantes: La pena podría aumentar hasta en dos terceras partes si durante los hechos se utilizan objetos peligrosos, explosivos, sustancias dañinas o cualquier elemento destinado a lesionar personas o bienes.
- Incautación y obstaculización: También se contemplan sanciones (54 a 96 meses de prisión y multa) para quienes inciten, dirijan o proporcionen recursos para obstaculizar vías, infraestructura o sistemas de transporte de manera ilícita, especialmente si estas acciones afectan a la población, la salud pública o la seguridad alimentaria.
- Inhabilidad: En estos casos, se sumaría la inhabilidad para ejercer derechos y funciones públicas por un periodo equivalente al de la condena.
Contexto Político y Social de la Iniciativa en Colombia
Este proyecto de ley emerge en un contexto colombiano marcado por recurrentes episodios de protestas sociales que, en ocasiones, han derivado en actos de violencia y destrucción de propiedad pública y privada, especialmente en ciudades como Cali, Bogotá y Popayán. La «protesta pacífica» y la «legítima defensa del orden» son dos pilares que constantemente se confrontan en el debate público. La polarización política actual, agudizada por el gobierno de turno y la oposición, crea un terreno fértil para este tipo de iniciativas legislativas que buscan redefinir los límites de la manifestación.
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Diferenciando Protesta Pacífica de Delitos
Los congresistas promotores de la iniciativa han sido enfáticos en señalar que su objetivo no es coartar la protesta pacífica, un derecho fundamental garantizado por la Constitución Política de Colombia. Argumentan que el proyecto busca trazar una clara distinción entre el ejercicio de este derecho y las conductas que implican violencia o daños a personas y bienes, las cuales, según su perspectiva, deslegitiman la manifestación genuina.
Para fundamentar su propuesta, los legisladores han recurrido a ejemplos internacionales. Citan el caso de Chile, que tras las intensas protestas de 2019 aprobó una «Ley Antiencapuchados». Esta legislación penaliza el ocultamiento de la identidad cuando su propósito es cometer actos violentos o afectar bienes. Otro precedente mencionado es Guatemala, donde existe una prohibición expresa y con consecuencias penales para el uso intencional de elementos que ocultan la identidad en el contexto de disturbios.
El respaldo a esta propuesta no solo proviene de Triana y Arizabaleta. Otros congresistas como Andrés Guerra, Guillermo Alvira, Luis Eduardo Díaz, Germán Rodríguez, Daniel Briceño y Juan David Londoño también han manifestado su apoyo. La iniciativa deberá ahora superar los múltiples debates y etapas legislativas en el Congreso antes de que pueda convertirse en ley de la República.
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