La Conferencia Episcopal de Colombia ha emitido un enérgico llamado a la moderación del lenguaje a los candidatos presidenciales Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, a menos de tres semanas de la segunda vuelta electoral. A través de un contundente mensaje titulado «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia», los obispos expresaron su profunda preocupación por el creciente tono confrontacional y descalificador que ha tomado el debate público, advirtiendo sobre las graves consecuencias que esto podría acarrear para la sociedad colombiana. Este pronunciamiento subraya la inquietud de diversos sectores ciudadanos ante una campaña que, lejos de centrarse en propuestas, parece sumergida en una espiral de acusaciones y agresiones verbales.
El Deterioro del Debate Público y la Polarización
La jerarquía eclesiástica colombiana ha puesto de manifiesto la alarma que genera la agresividad verbal observada en la actual contienda electoral. Según el comunicado, las campañas están promoviendo «de forma agresiva y sin pudor» dinámicas que terminan por legitimar la violencia discursiva. Esta situación, lejos de ser un simple intercambio de ideas, está contribuyendo a profundizar la polarización política del país, generando divisiones y hostilidades entre los ciudadanos. El llamado de los obispos busca precisamente revertir esta tendencia, instando a un debate más constructivo y respetuoso.
Monseñor Germán Medina Acosta, obispo de Engativá y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia, fue categórico al describir la situación. «Compartimos la preocupación de numerosos colombianos y colombianas ante la manera como las campañas políticas de los candidatos… promueven de forma agresiva y sin pudor una lógica que legitima la violencia verbal», afirmó Medina Acosta. Resaltó que los «insultos, maltratos y descalificaciones» son constantes, llegando a «destrozar la imagen y la dignidad del otro en un desenfreno que no podría darse en el contacto cuerpo a cuerpo sin que termináramos destruyéndonos entre nosotros». Esta analogía recalca la peligrosidad del ambiente actual, equiparando la violencia verbal con una agresión física latente.
La Instrumentalización de las Emociones y el Riesgo de Fractura Social
Más allá de los ataques directos entre adversarios políticos, la Iglesia ha señalado otra preocupación fundamental: la manipulación estratégica de las emociones sociales. Monseñor Medina advirtió que esta instrumentalización, catalogada como «degradante», pone en riesgo a la ciudadanía. Según los obispos, este enfoque podría derivar en una «posible fractura social y a hechos de violencia justificados en pensamientos políticos». La línea entre el odio discursivo y la violencia física es delgada, y la Conferencia Episcopal busca evitar que Colombia cruce ese umbral.
El temor radica en que la constante confrontación y descalificación siembre semillas de odio que, eventualmente, germinen en acciones violentas. La historia de Colombia está marcada por ciclos de violencia asociados a profundas divisiones políticas, y los obispos buscan evitar que la actual contienda electoral se sume a ese lamentable historial. La apelación es a la cordura y a la responsabilidad de los líderes políticos para no alimentar pasiones que puedan salirse de control, haciendo un llamado especial a la calma al presidente Petro.
Priorizando Propuestas sobre Agresiones Personales
Ante este panorama, la Conferencia Episcopal instó a los colombianos a exigir a los candidatos que moderen su discurso y, en su lugar, concentren sus esfuerzos en presentar programas de gobierno coherentes y soluciones a las necesidades del país. La expectativa es que De la Espriella y Cepeda expliquen detalladamente sus propuestas, sus compromisos con el bien común, la equidad, la justicia, la unidad, el perdón, la reconciliación y la paz. La ciudadanía merece conocer a fondo las visiones de país que ofrecen, y no ser testigo de un espectáculo de ataques mutuos.
El mensaje es claro: la contienda electoral debe ser una oportunidad para el debate de ideas y no para la denigración personal. Los obispos recordaron que la verdadera trascendencia se logra a través de la construcción de paz y no de la siembra de discordia. Esta visión resalta la importancia de un liderazgo que privilegie la construcción sobre la destrucción, la unión sobre la polarización.
La Paz como Legado: Un Recordatorio Histórico
Los obispos concluyeron su mensaje con una reflexión profunda sobre el legado que dejarán los candidatos. «Recuerden que pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas», enfatizó Monseñor Medina. Esta frase no solo es un llamado a la coherencia ética, sino también un recordatorio de la responsabilidad histórica que recae sobre quienes aspiran a dirigir los destinos de una nación. La humanización del adversario es clave en este proceso: «los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos. No son personas a quienes odiar, sino personas con quienes dialogar».
La cita del Papa Pío XII, que advirtió que «con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo puede perderse», resuena con particular fuerza en el contexto colombiano. Este consejo intemporal subraya la imperiosa necesidad de buscar caminos de convivencia pacífica, especialmente en momentos de efervescencia política. El llamado de la Conferencia Episcopal sirve como un faro de sensatez en medio de una campaña que, hasta ahora, ha estado marcada por un tono preocupantemente beligerante, y busca redirigir el foco hacia un debate constructivo y respetuoso, fundamental para la estabilidad y el futuro de Colombia.
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