La Fiscalía General de la Nación ha dado un paso significativo en la búsqueda de justicia para el periodista Mateo Pérez, imputando cargos a John Edison Chalá Torrejano, conocido con los alias de «Víctor Chalá» o «Chalá», presunto cabecilla del autodenominado frente 36 de las disidencias de las FARC. La imputación abarca los delitos de secuestro, tortura, desaparición forzada y homicidio agravado, hechos que Chalá no aceptó durante la audiencia.
Este desarrollo judicial se produce tras la captura de «Chalá» el pasado 12 de junio en Tolima, donde ya había sido imputado por fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego y concierto para delinquir agravado. Un juez de control de garantías lo había enviado a prisión junto a cinco miembros de su esquema de seguridad, indicando la relevancia de su perfil dentro de la estructura criminal.
El Cruel Asesinato de Mateo Pérez: Cronología de un Periodismo Riesgoso
Mateo Pérez, de tan solo 23 años, era director del medio independiente «El Confidente de Yarumal» y estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional. Su labor periodística lo llevó al municipio de Briceño, Antioquia, el lunes 4 de mayo, con el objetivo de investigar la compleja situación de orden público que aqueja a la región. Durante su estancia, Pérez sostuvo varias reuniones con autoridades locales, recopilando información que, lamentablemente, lo puso en la mira de grupos armados.
El martes 5 de mayo, Pérez perdió contacto con sus allegados, desatando una angustiosa búsqueda. Su cuerpo fue hallado posteriormente entre las veredas Palmichal y El Hoyo, evidenciando un macabro crimen: había sido torturado, asesinado a tiros y su cadáver sepultado en una zanja. Un testimonio del secretario de Seguridad de Antioquia, Luis Martínez, reveló que se le había advertido a Pérez sobre la peligrosidad de la zona.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Detalles de la Imputación y la Peligrosa Revelación
La fiscal de la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos detalló cómo Chalá se habría encontrado con Mateo Pérez alrededor de las 6:00 p.m. del 5 de mayo. Al ser cuestionado sobre su presencia en el área, Pérez se identificó como periodista, mostrando su carné. Según la narración de la fiscal, Chalá confiscó el celular de Pérez y, al revisar sus registros, encontró comunicaciones con miembros del Ejército. En ese momento, Chalá habría tildado a Pérez de «sapo» y ordenado a cuatro de sus hombres cavar una fosa, sellando así el trágico destino del joven periodista.
Esta imputación subraya la vulnerabilidad de los periodistas en Colombia, especialmente aquellos que ejercen su oficio en regiones afectadas por el conflicto armado. La naturaleza independiente del trabajo de Pérez, sumada a su juventud y dedicación, resalta la tragedia de un talento truncado por la violencia.
Antioquia y el Riesgo para la Prensa en Zonas de Conflicto
Antioquia, y particularmente subregiones como el Norte y Nordeste, ha sido históricamente un epicentro de confrontaciones armadas y disputas territoriales entre diferentes actores ilegales, incluyendo disidencias de las FARC, ELN y grupos armados organizados. Esta dinámica de violencia genera un clima de intimidación constante para la población civil y, de manera específica, para quienes ejercen el periodismo.
La presencia de economías ilegales, como el narcotráfico y la minería ilegal, intensifica la pugna por el control territorial, llevando a estos grupos a silenciar cualquier voz que intente exponer sus actividades o sus impactos en la comunidad. En este contexto, un periodista como Mateo Pérez, que investigaba el orden público, se convierte en un blanco directo por la información que maneja y la capacidad de denunciar realidades que los grupos armados buscan mantener ocultas. La región ha visto un resurgimiento de la violencia en los últimos años, con reacomodos de grupos armados tras el Acuerdo de Paz, lo que complejiza aún más el ejercicio periodístico y eleva los riesgos para la vida y la integridad de quienes informan desde el terreno.
Alerta Internacional y Cifras de Agresión contra Periodistas
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha emitido constantes alertas sobre los riesgos inherentes al ejercicio del periodismo en Colombia, particularmente en las zonas de conflicto armado. Un informe reciente de la CIDH documentó:
- Asesinatos
- Amenazas
- Agresiones
- Atentados contra periodistas y medios de comunicación
La situación ha provocado que muchos periodistas locales recurran a la autocensura como un mecanismo de autoprotección frente a la intimidación constante.
La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) ha consolidado cifras alarmantes sobre la situación del periodismo en el país. Entre el 1 de enero y el 12 de mayo, la organización registró 141 agresiones contra periodistas, desglosadas en:
- 42 amenazas
- 24 obstrucciones al trabajo periodístico
- 19 estigmatizaciones
- 1 secuestro
- Los asesinatos de los periodistas Mateo Pérez y Cristian Herrera
Estos números reflejan una realidad donde la prensa es un blanco constante de violencia, lo que erosiona la libertad de expresión y el derecho de la ciudadanía a estar informada. La imputación a «Chalá» es un paso en el camino hacia la justicia, pero también un recordatorio sombrío de los peligros que enfrentan aquellos que se atreven a contar las historias más difíciles.
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