Colombia vivió el pasado lunes 10 de agosto de 2026 uno de los eventos sísmicos más significativos de la última década. El terremoto, que dejó un centenar de víctimas mortales, numerosos heridos y desaparecidos, generó una profunda conmoción en la población. Más allá de los daños materiales y la tragedia humana, un fenómeno recurrente entre los sobrevivientes ha sido la persistente sensación de mareo o movimiento, a pesar de que el sismo ya ha terminado. Este efecto, popularmente conocido como «temblores fantasma», tiene una explicación científica y psicológica que incide directamente en el bienestar de las personas afectadas.

Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), la duración real del movimiento telúrico se estimó entre 90 segundos y dos minutos, dependiendo de factores como la cercanía al epicentro, el tipo de suelo y la estructura de las edificaciones. Sin embargo, para muchos, la percepción del temblor se ha extendido más allá de ese lapso, provocando inquietud y confusión.

La explicación detrás del movimiento percibido

La sensación de movimiento post-terremoto no es una alucinación, sino una reacción física y psicológica compleja. El Bangkok Hospital Pattaya ha señalado que esta experiencia se produce porque el cerebro, a través del sistema vestibular ubicado en el oído interno, intenta adaptarse a un movimiento prolongado e inesperado.

El cirujano Landon Duyka, en declaraciones al New York Times, comparó esta situación con la que experimentan las personas tras pasar largos periodos en barcos o cruceros, quienes pueden seguir sintiendo el balanceo incluso días o semanas después de pisar tierra firme. Este fenómeno ha sido acuñado como Síndrome de Mareo Post Terremoto (PEDS, por sus siglas en inglés).

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El impacto psicológico: hipervigilancia y estrés postraumático

Aunque el PEDS se manifiesta físicamente con mareos, vértigo y náuseas, su origen y prolongación están profundamente ligados al estado mental. Un evento traumático como un terremoto de gran magnitud sumerge al cerebro en un estado de «hipervigilancia». El psicólogo Ramón Nogueras explicó a Maldita Ciencia que, en este estado, cualquier mínima alteración interna o externa (un latido del corazón, un pequeño ruido, un movimiento muscular) es interpretada como una posible amenaza, magnificando la sensación de un nuevo temblor.

Un estudio de 2025, publicado en la revista Medicine, respalda esta teoría al indicar que el estrés psicológico de un evento traumático puede alterar las áreas cerebrales encargadas de procesar el equilibrio y la posición corporal. Esto, sumado a la hipervigilancia del sistema nervioso central, genera una alerta constante que busca movimientos o cambios en el entorno, por imperceptibles que sean.

Los síntomas asociados a esta condición incluyen:

  • Mareo o vértigo persistente.
  • Dificultad para caminar o mantener el equilibrio.
  • Náuseas y, en algunos casos, vómitos.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Irritabilidad y ansiedad generalizada.

Contexto colombiano: resiliencia en zona sísmica

Colombia, y en particular regiones como el suroccidente (Valle del Cauca, Cauca, Nariño), se encuentran en una zona de alta actividad sísmica debido a la interacción de varias placas tectónicas, principalmente la Nazca, la del Caribe y la Suramericana. Esta configuración geológica hace que los temblores sean una constante en la historia del país. Ciudades como Popayán, por ejemplo, han sido testigos de terremotos devastadores a lo largo de los siglos, lo que ha forjado una cultura de resiliencia, pero también ha dejado una huella en la psique colectiva. La recurrencia de estos eventos hace que la respuesta psicológica y la hipervigilancia tras un sismo de gran magnitud sean más pronunciadas en la población, ya que existe una memoria histórica y social de los daños y pérdidas que un terremoto puede ocasionar. Comprender este trasfondo es crucial para abordar de manera integral las necesidades de las comunidades afectadas, más allá de la respuesta inmediata a la emergencia física.

Recomendaciones y búsqueda de ayuda profesional

La Fundación Inzit, adscrita al Ministerio de Ciencias de Venezuela, señala que, en la mayoría de los casos, estos síntomas suelen desaparecer en pocos días o semanas, a medida que el cuerpo recupera la sensación de seguridad y normalidad. Para aliviar el malestar, los expertos aconsejan:

  • Priorizar la tranquilidad y el descanso adecuado.
  • Evitar la sobreexposición a noticias e información estresante sobre el evento.
  • Buscar explicaciones científicas que ayuden a comprender el fenómeno, como las que abordan el PEDS.

Sin embargo, si los síntomas persisten por un periodo prolongado o su intensidad afecta significativamente la vida diaria, la recomendación fundamental es buscar ayuda profesional. La intervención de psicólogos o terapeutas puede ser crucial para manejar el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) o cualquier otra afectación a la salud mental derivada del trauma.

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