Cali se prepara para una nueva edición del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, el evento cultural afrocolombiano más relevante del país. Del 9 al 17 de agosto, la «Casa Grande» abrirá sus puertas, congregando a miles de asistentes en una celebración que trasciende la música para abrazar la riqueza de las tradiciones del Pacífico.

Este año, el festival, que conmemora tres décadas de existencia, no solo reafirma su compromiso con la visibilización de la cultura afrocolombiana, sino que también albergará la primera Cumbre Global Afrodiaspórica. Entre el 12 y el 16 de agosto, más de 60 líderes y 50 alcaldes debatirán sobre economía, cultura, innovación y género, elevando el Petronio Álvarez a un foro de discusión global sobre la diáspora africana.

Petronio Álvarez: El Maquinista que Cantó al Pacífico

El nombre de este emblemático festival honra a Petronio Álvarez Quintero, un hombre de estatura imponente, carisma singular y una capacidad innata para transformar las vivencias en melodías. Nacido el 1 de octubre de 1914 en Cascajal, Buenaventura, Petronio heredó la pasión por la música y los ferrocarriles de su padre, José Joaquín Álvarez Micolta, también maquinista y músico. Su madre, Juana Francisca Quintero Asprilla, chocoana, le inculcó el amor por la palabra escrita.

Durante dos décadas, Álvarez fue maquinista en el Ferrocarril del Pacífico, un oficio que compaginó con la composición musical, la poesía y el canto. Su inspiración provenía de la naturaleza, el río, el tren y el profundo amor por su esposa, Veneranda Arboleda Rodríguez, con quien tuvo diez hijos, siete de ellos aún vivos: Cristina, Juana, Nancy, Gladys, Iván, Gerardo y Leyda.

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«Mi Buenaventura»: El Himno de un Pueblo

Fue a los 17 años cuando Petronio compuso “Mi Buenaventura”, una canción que se convertiría en un himno y catapultaría la música del Pacífico a nivel nacional e internacional. La canción, grabada por primera vez en 1952 por Tito Cortés y Los Trovadores de Barú, cuenta con más de 25 versiones y sigue siendo una de las melodías más reconocidas de Colombia. En 1935, fundó el conjunto musical Buenaventura, consolidando su vocación artística.

Su hija mayor, Leyda Álvarez, relata cómo su padre encontraba inspiración en los paisajes que el tren le ofrecía. “Al río Cauca viendo correr, mi vida se desliza, lloro hasta más no poder, una tarde en La Feliza”, son versos que, según Leyda, demuestran la profunda conexión de Petronio con el territorio vallecaucano.

De Monaguillo a «El Cuco»: Anécdotas de un Artista

La vida de Petronio estuvo llena de anécdotas. De joven fue monaguillo en Buenaventura, pero su espíritu creativo lo llevó a componer “Bochinche en el cielo”, una jota pacífica en la que los santos bailaban. La canción le valió una amenaza de excomunión por parte del obispo.

Su apodo, «El Cuco», surgió de una hazaña ferroviaria. Al conducir una locomotora con una pesada carga sobre un viejo puente de madera, aceleró justo antes de que la estructura colapsara, salvando el convoy. Sus compañeros, impresionados por su audacia, lo bautizaron así por su destreza.

Tras jubilarse en 1958, Petronio se estableció en Cali, en el barrio Salomia, donde continuó su pasión musical en bares y estaderos, compartiendo su talento con otros cantores y serenateros.

Un Legado que Resuena en el Festival

Petronio Álvarez, «El Rey del Currulao», dejó un vasto repertorio de bambucos, merengues, huapangos, sones, abozaos y jugas. Composiciones como “Teresa”, “Roberto Cuero”, “El Porteñito o Adiós al Puerto”, “Felisa”, “Cali, Ciudad Sultana” o “El Cauca, Viendo Correr” son solo una muestra de su prolífica obra. También incursionó en tangos y milongas, lo que le valió el sobrenombre de «El Gardel del Puerto».

Su labor como maquinista, sin embargo, tuvo un alto costo. La exposición constante al hollín y al humo de carbón en los túneles le provocó un cáncer de huesos que le arrebató la vida el 10 de diciembre de 1966, a los 55 años, en su hogar en Cali.

El impacto de su muerte fue tal que la cooperativa ferroviaria tuvo que encargar un ataúd de 2.5 metros de longitud, y su sepelio convocó a una multitud que despidió al «Rey del Currulao» en el Estadio Pascual Guerrero con un minuto de silencio.

La Inmortalidad de un Nombre

A pesar de su canción “Despedida”, en la que expresaba el temor al olvido, el Festival Petronio Álvarez es la prueba fehaciente de su inmortalidad. «Mi papá me sigue manteniendo», comenta Leyda, su hija, refiriéndose a las regalías que los descendientes reciben por sus composiciones.

Hoy, su legado perdura a través del ensamble Los Cucos, integrado por hijos, nietos y sobrinos de Petronio, quienes se presentarán en la clausura del festival. Además, la Fundación Petronio Álvarez, creada hace dos décadas, ofrece capacitación en música, danza y cocina en Chiminangos, perpetuando su visión cultural.

El Origen del Festival: Un Acto de Reconciliación y Justicia

El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez nació de la iniciativa de líderes regionales y la incansable labor de Juana Francisca Álvarez, hija de Petronio, quien buscaba mantener viva la obra de su padre. En 1996, la propuesta recibió un impulso significativo bajo la gobernación de Germán Villegas Villegas y la dirección cultural de Germán Patiño.

Según Yamileth Cortés Arboleda, subsecretaria de Artes, Creación y Promoción Cultural de Cali, el festival, que tuvo su primera versión en 1997, fue «un acto político para hermanar culturalmente a la ciudad con sus colonias afros y permitir que Cali empezara a reconocerse como una ciudad negra». El objetivo era visibilizar y reconciliar a Cali con los miles de migrantes del litoral Pacífico que habían llegado a la ciudad en busca de oportunidades.

La decisión de nombrar el festival en honor a Petronio Álvarez surgió cuando Patiño descubrió que “Mi Buenaventura” era una de las canciones colombianas más escuchadas en el mundo, pero su autor afrodescendiente era desconocido para muchos. Este bautizo fue, por lo tanto, un acto de justicia histórica para dignificar la autoría intelectual de las comunidades afro.

Con el paso de los años, el Petronio Álvarez evolucionó. La primera administración del alcalde Jorge Iván Ospina incorporó la Muestra de Expresiones Tradicionales, incluyendo la cocina ancestral, bebidas autóctonas como el viche, artesanías, luthería y moda étnica. «Se comprendió que en la cosmogonía del Pacífico la música es transversal a otras expresiones: se canta mientras se cocina, se narra el territorio mientras se trenza el cabello y se teje la comunidad en torno al saber heredado», explica Cortés.

Desde su modesto inicio en el Paseo Bolívar en 1997, el festival creció hasta la Plaza de Toros y luego al Estadio Pascual Guerrero, para finalmente asentarse en la Ciudadela Petronio, junto a la Unidad Deportiva Alberto Galindo. En 2021, el espacio adoptó el entrañable nombre de «La Casa Grande del Pacífico», evocando el hogar de los abuelos donde las familias se reúnen. Este año, con la Cumbre Global Afrodiáspórica, un Pabellón Internacional y más de 20 escenarios urbanos, el Festival Petronio Álvarez continúa siendo un faro de la cultura y la identidad del Pacífico colombiano.

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