Bogotá, Colombia – El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, a través de su titular Indalecio Dangond Baquero, ha cursado una solicitud formal a la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria) para implementar un programa urgente de alivios financieros. La medida busca mitigar el impacto devastador que el reciente terremoto del 10 de agosto y el persistente fenómeno de El Niño han generado en el sector agropecuario del país.

La carta, radicada el 24 de agosto de 2026 y dirigida al presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón, subraya la crítica situación que enfrentan miles de productores en las zonas más golpeadas. El sector agrario, fundamental para la seguridad alimentaria y la economía nacional, requiere una respuesta coordinada para evitar una crisis de morosidad y asegurar su pronta recuperación productiva.

Propuestas clave para el sector financiero

El Ministerio de Agricultura detalló tres ejes principales para este programa extraordinario de alivios. Estas medidas apuntan a ofrecer un respiro inmediato y facilidades a largo plazo para los agricultores y ganaderos en dificultades:

  • Congelación temporal de capital e intereses: Se propone suspender por un período mínimo de 12 meses los pagos de capital e intereses de los créditos agropecuarios. Esta medida se aplicaría específicamente a productores y transformadores ubicados en los departamentos declarados en emergencia por el Gobierno Nacional y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) a raíz del terremoto.
  • Reperfilamiento integral de obligaciones financieras: Incluye la ampliación de plazos de pago, la concesión de períodos de gracia en el capital, la normalización de reportes de riesgo crediticio, la reestructuración de deudas sin deterioro automático de la calificación y el rediferimiento de cuotas vencidas. El objetivo es ajustar los calendarios de pago a la nueva realidad productiva de los afectados.
  • Retanqueo y nuevas líneas de capital de trabajo: Se plantea la apertura de nuevas líneas de crédito o el «retanqueo» de las existentes. Estos recursos serían esenciales para la recuperación de cultivos, la reposición de inventarios pecuarios y la reparación de infraestructuras dañadas, permitiendo así la reactivación económica en las regiones afectadas.

Un llamado a la corresponsabilidad

El ministro Dangond enfatizó que estas acciones no deben verse solo como un gesto de solidaridad. En la misiva, se argumenta que la adopción temprana de estas medidas representa una «decisión financieramente responsable para proteger la calidad de la cartera, evitar una escalada en los índices de mora y acelerar la recuperación económica de las regiones afectadas». Esta perspectiva busca alinear los intereses del sector financiero con la estabilidad del campo colombiano.

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El jefe de la cartera agrícola recordó que las proyecciones del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) advierten sobre la posible extensión de las condiciones climáticas adversas de El Niño hasta el primer trimestre de 2027. Este escenario prolongado amenaza con una disminución significativa de la productividad pecuaria, un incremento en los costos de alimentación animal y una reducción crítica en la disponibilidad de agua para riego y consumo.

Contexto en el suroccidente colombiano

La coyuntura de fenómenos naturales adversos golpea con particular intensidad regiones como el suroccidente de Colombia, incluyendo el Valle del Cauca y Nariño, departamentos que históricamente han dependido en gran medida de la agricultura y la ganadería. Estas zonas, además de su alta vocación productiva en café, caña de azúcar, frutales y ganadería, han enfrentado desafíos persistentes como la volatilidad de los precios agrícolas, el acceso limitado a la financiación formal y, en algunas subregiones, la influencia de grupos armados ilegales que afectan la seguridad y la logística productiva.

La combinación de un terremoto, que ha causado daños estructurales a fincas y viviendas rurales, y un fenómeno de El Niño que exacerba sequías o altera patrones de lluvia, genera una presión insostenible sobre los pequeños y medianos productores. Muchos de ellos operan con márgenes de ganancia estrechos y una capacidad limitada para absorber pérdidas, lo que hace que los alivios financieros sean no solo deseables sino imperativos para evitar el desplazamiento rural y la pérdida de soberanía alimentaria.

Perspectivas y el rol de Asobancaria

La carta del Ministerio concluye con una apelación directa a la banca: “En momentos de incertidumbre, el crédito puede convertirse en un factor de vulnerabilidad o en una herramienta de recuperación. Tenemos la certeza de que, bajo el liderazgo de Asobancaria, el sector financiero escogerá el camino que permita preservar empresas rurales, proteger el empleo, garantizar la producción de alimentos y contribuir a la reactivación económica de Colombia”.

Se espera que Asobancaria y las entidades bancarias afiliadas analicen las propuestas y articulen un plan de acción que brinde el soporte necesario al sector agropecuario. La colaboración entre el Gobierno y el sector privado es crucial para la estabilidad económica y social del país ante la magnitud de las afectaciones.

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