Tras el terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto, que impactó severamente el occidente de Colombia, miles de viviendas y edificaciones en departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Quindío, Risaralda y Caldas, así como la región Pacífica, han sido objeto de inspección. En medio de esta emergencia, la aparición de diversas marcas, letras y símbolos en las fachadas de las estructuras ha generado confusión y preocupación entre la población afectada. Sin embargo, especialistas y autoridades recalcan que no todas estas señalizaciones son indicativo de riesgo estructural o peligro inminente de colapso.
La correcta interpretación de estas marcas es fundamental para la gestión de la crisis y para la tranquilidad de los damnificados. Es crucial diferenciar entre los códigos operativos utilizados por los equipos de búsqueda y rescate, y las clasificaciones técnicas de habitabilidad que determinan si una propiedad es segura para ser ocupada nuevamente.
Doble lenguaje en las fachadas: Rescate vs. Habitabilidad
Una de las principales fuentes de malinterpretación radica en el uso de sistemas de marcación por parte de los equipos de búsqueda y rescate urbano, que operan bajo los lineamientos internacionales de INSARAG (International Search and Rescue Advisory Group). Estas señales tienen un propósito puramente operativo y están diseñadas para facilitar el trabajo de los rescatistas en zonas de desastre.
Códigos de rescate: Identificación de víctimas y avance operativo
Los equipos de rescate utilizan un lenguaje visual específico para comunicarse y coordinar sus acciones en el terreno. Estas marcas incluyen:
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →- V: Señal de una ubicación potencial o conocida de una víctima.
- L: Indica la presencia de víctimas vivas confirmadas.
- D: Se emplea para identificar personas fallecidas confirmadas.
Adicionalmente, existen marcas para sitios de trabajo que registran qué equipos ingresaron a una estructura, el progreso de la búsqueda y los riesgos detectados durante las operaciones. Es vital entender que estas señales son temporales y no ofrecen información sobre la integridad estructural de la vivienda a largo plazo. Su objetivo es agilizar las labores de búsqueda y rescate, no determinar la habitabilidad.
Evaluación técnica: El veredicto sobre la seguridad estructural
La clasificación sobre las condiciones para ocupar una edificación o su nivel de riesgo corresponde a un procedimiento técnico distinto: la inspección postsismo. Este proceso es llevado a cabo por ingenieros estructurales y especialistas en construcción, quienes emiten un dictamen basado en criterios técnicos específicos.
Categorías de habitabilidad y riesgo
Aunque los esquemas pueden variar ligeramente entre municipios, un ejemplo ilustrativo es el formulario oficial del IDIGER en Bogotá, que establece cuatro categorías claras:
- Verde: Edificación habitable.
- Amarillo: Uso restringido (requiere reparaciones menores o uso condicionado).
- Naranja: No habitable (requiere reparaciones mayores o está en riesgo moderado).
- Rojo: Peligro de colapso (demolición inminente o riesgo extremo).
Es importante destacar que una vivienda clasificada como “no habitable” no significa automáticamente que esté en “peligro de colapso”. Si bien ambas implican la imposibilidad de uso inmediato, la primera puede referirse a daños severos que requieren una intervención, mientras que la segunda advierte sobre una inestabilidad crítica que puede llevar al derrumbe.
Contexto regional: El impacto en el occidente colombiano
El sismo del 10 de agosto ha puesto a prueba la capacidad de respuesta y evaluación en una región de Colombia con características geológicas y socioeconómicas particulares. El occidente del país, especialmente zonas del Chocó y el Pacífico como Buenaventura, Timbiquí, López de Micay y Guapi, ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento urbano a menudo informal y una infraestructura que puede ser vulnerable ante eventos sísmicos de gran magnitud.
La Defensoría del Pueblo, con corte al 15 de agosto, ha reportado una necesidad urgente de evaluaciones técnicas en municipios como Quibdó, Istmina y Unión Panamericana en Chocó, donde ya se han identificado viviendas colapsadas y afectaciones en instituciones educativas. La vulnerabilidad de estas zonas, sumada a la dispersión geográfica de algunas comunidades, complica las labores de inspección y asistencia. La presencia de asentamientos informales y la calidad variable de las construcciones en estas áreas incrementan el riesgo para la población y la complejidad de las evaluaciones postsismo. Este contexto resalta la imperiosa necesidad de una comunicación clara y precisa sobre el significado de cada marca para evitar el pánico y garantizar que la ayuda y las decisiones se tomen con la información correcta.
Recomendaciones para la ciudadanía
Ante la aparición de cualquier marca en una estructura afectada, es primordial identificar qué autoridad o equipo la colocó y dentro de qué procedimiento. No es aconsejable borrar o modificar estas señales mientras la emergencia esté en curso, ya que contienen información valiosa para los profesionales que operan en la zona. Si bien el terremoto pudo generar grietas, los especialistas enfatizan que no todas representan un daño estructural grave; algunas pueden ser superficiales y no indicar peligro de colapso.
En este escenario, una misma fachada puede «hablar» dos lenguajes: uno para los rescatistas que buscan vidas y otro para los ingenieros que evalúan la seguridad de las edificaciones. Comprender esta distinción es clave para la recuperación y reconstrucción de las zonas afectadas en el occidente de Colombia.
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