La dirección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), bajo el liderazgo de Carolina Restrepo Cañavera, se encuentra en el ojo del huracán tras la denuncia de una supuesta directriz interna que excluiría la palabra «niña» del lenguaje institucional. Esta controversia, que rápidamente escaló a un debate público y político, ha puesto en tela de juicio el enfoque de género y la protección integral de la infancia en Colombia.
Según la representante a la Cámara Lourdes Mateus, la Oficina Asesora de Comunicaciones y la Dirección General del ICBF habrían instruido el uso exclusivo de los términos «niños y adolescentes», omitiendo deliberadamente la categoría «niñas». La denuncia generó una inmediata reacción de rechazo por parte de sectores políticos y de la sociedad civil, quienes argumentan que tal medida implicaría una invisibilización preocupante de las menores en un país con desafíos significativos en materia de derechos de la infancia.
La Respuesta del ICBF y el Contexto Legal
Frente a la creciente polémica, la directora Restrepo emitió un comunicado oficial buscando aclarar la postura de la entidad. En el documento, se reafirma la misión del ICBF: «La protección integral de la niñez, la adolescencia y las familias de Colombia», añadiendo que «cuando hablamos de niñez, hablamos de todos los niños y todas las niñas del país». Esta declaración, sin embargo, no ha logrado disipar las inquietudes, pues persisten dudas sobre la aplicación práctica de esta conceptualización dentro de las directrices comunicacionales internas.
La controversia se agudiza al contrastar la supuesta instrucción interna con el marco legal colombiano. La Ley 1098 de 2006, conocida como el Código de la Infancia y la Adolescencia, es explícita en su artículo 2 al establecer la protección integral de «los niños, las niñas y los adolescentes». Esta precisión legislativa subraya la importancia de la diferenciación de género para asegurar una atención y protección adecuadas a las particularidades de cada grupo.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Representantes como Jennifer Pedraza criticaron duramente la medida, señalando que «invisibilizar a 7 millones de niñas no es un ‘detalle’: es incumplir la ley». Este argumento resalta la preocupación de que una omisión lingüística pueda traducirse en una desatención real de las necesidades y vulnerabilidades específicas que enfrentan las niñas colombianas.
Voces Críticas y la Perspectiva de Género
María Cristina Hurtado, una de las corredactoras del Código de la Infancia y la Adolescencia, se sumó a las voces de alarma. En sus declaraciones, recordó que «por muchos siglos las mujeres estuvimos invisibilizadas en la categoría de ‘hombres'», enfatizando que la lucha por el reconocimiento del término «niñas» ha sido una conquista para visibilizar y abordar problemáticas específicas, como la violencia sexual. Hurtado subrayó que más del 50 por ciento de los casos de delitos sexuales atendidos por el ICBF involucran a niñas y adolescentes mujeres, lo que hace «no es solo un tema nominal, señora directora, es un tema de derechos, de justicia, de dignidad ganado a pulso a sistemas patriarcales, adultocéntricos y misóginos».
La directora Restrepo respondió a estas críticas, asegurando que en el ICBF «las niñas tendrán toda la protección que ordenan la Constitución, la ley y los tratados internacionales, incluido, por supuesto, el enfoque de género previsto en el artículo 12 del Código de Infancia y Adolescencia». A pesar de la reiteración, la tensión persiste sobre cómo se alinean estas garantías con la supuesta directriz comunicacional.
Contexto Político y Antecedentes de la Directora
Esta no es la primera polémica que enfrenta Carolina Restrepo desde su llegada al ICBF. Días antes, la directora ordenó el retiro de una intervención artística en la sede de la entidad en Bogotá, que incluía la frase «Resistencia Chiquita» y dibujos realizados por niños. Restrepo argumentó que dicha intervención representaba una «instrumentalización política de la niñez», defendiendo que «un niño lo único que tiene que hacer es jugar» y que la administración anterior habría influido en el contenido.
Astrid Cáceres, anterior directora del ICBF durante el gobierno de Gustavo Petro, desmintió esta versión. Explicó que «Resistencia Chiquita» es un colectivo artístico de niñas de Bogotá, nacido tras el asesinato de Yuliana Samboní en 2016, y que el espacio era una iniciativa para que los menores expresaran libremente su sentir. Cáceres instó a «no subestimar la participación infantil y sus criterios».
La trayectoria de Carolina Restrepo, abogada con tres décadas de experiencia, excandidata al Senado por el Centro Democrático y cabeza de lista a la Cámara por Salvación Nacional, la posiciona como una figura con una clara línea política. Su designación en el ICBF se enmarca en la promesa de «transformación profunda» de la entidad por parte del presidente de la República, lo que sugiere que sus decisiones, aunque polémicas, responden a una visión específica de gestión.
La insistencia de Restrepo en no «administrar lo de siempre» y su determinación de mantener sus decisiones «les guste o no», marcan un estilo de liderazgo que, aunque busca romper con inercias, genera un considerable escrutinio público y legislativo, especialmente en una entidad tan sensible como el ICBF, encargada de salvaguardar los derechos de la población más vulnerable de Colombia.
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