El uso de glufosinato de amonio para la erradicación de cultivos ilícitos en Colombia ha sido puesto en entredicho por Javier Flórez, director del Área de Conflicto y Seguridad de la Fundación Ideas para la Paz (FIP). En una reciente intervención, Flórez desestimó la eficacia de este herbicida, advirtiendo que los planes piloto del Gobierno con dicha sustancia no producirán resultados contundentes, argumentando que el glifosato sigue siendo la opción más efectiva para erradicar el arbusto de coca.
Las declaraciones de Flórez emergen en un momento clave, mientras el Gobierno colombiano avanza en la reglamentación para retomar la aspersión aérea y realiza pruebas con glufosinato, buscando una alternativa que cumpla con los estándares de salud y medio ambiente. Sin embargo, la perspectiva de la FIP sugiere que esta ruta podría ser «un laberinto de trámites» con escasas probabilidades de éxito.
La ineficacia del glufosinato, según la FIP
El experto de la FIP enfatizó que, tras extensas investigaciones conjuntas con Estados Unidos y otras entidades, se ha identificado al glifosato como el herbicida con mayor funcionalidad para impactar el cultivo de coca. La razón principal radica en su capacidad para lograr una degradación «desde la raíz», lo que asegura la muerte de la planta.
En contraste, el glufosinato de amonio, aunque aprobado para otros usos, carece de esta propiedad fundamental para la erradicación de la coca. Flórez recordó que pruebas realizadas en 2016 en diversas regiones de Colombia con glufosinato demostraron un daño limitado a las plantas, requiriendo múltiples aplicaciones para obtener un efecto menor en comparación con el glifosato.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →- El glufosinato de amonio no provoca degradación radicular en la coca.
- Pruebas anteriores (2016) arrojaron resultados inferiores al glifosato.
- Su aplicación exige varias repeticiones, aumentando costos y posibles impactos ambientales.
Riesgos ambientales y de salud con el glufosinato
Además de su ineficacia agronómica, Flórez señaló que el glufosinato de amonio plantea preocupaciones significativas en términos de salud y medio ambiente. El experto indicó que esta sustancia figura en listados de la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud (OMS) como uno de los herbicidas más peligrosos.
Este señalamiento cobra relevancia en un país como Colombia, donde la aspersión aérea ha sido históricamente un tema de intenso debate judicial y social. La Corte Constitucional ha establecido claros precedentes, exigiendo que cualquier programa de erradicación con herbicidas demuestre, mediante estudios independientes y concluyentes, que no genera daños a la salud humana ni al entorno natural.
La búsqueda de una alternativa al glifosato, tras años de suspensiones y regulaciones, no puede pasar por alto los riesgos inherentes a otras sustancias, especialmente si no cumplen con el objetivo principal de erradicación.
Un camino más largo y complejo para la erradicación
La ruta elegida por el Gobierno, según Flórez, no solo es ineficiente, sino que también es más prolongada y compleja. Desde hace cinco administraciones, el país ha estado inmerso en la evaluación de los efectos de los herbicidas, en un esfuerzo por cumplir con las sentencias judiciales y las exigencias de derechos humanos que han limitado las políticas de aspersión.
La insistencia en probar un herbicida cuya ineficacia ha sido previamente documentada, y que además suscita graves preocupaciones de salud, podría desviar recursos y tiempo valiosos que podrían invertirse en estrategias de erradicación más probadas o en el fortalecimiento de la sustitución de cultivos, un enfoque más sostenible y socialmente aceptado.
Contexto de la lucha antinarcóticos en Colombia
Colombia, y en particular sus regiones como el Valle del Cauca, Nariño o Cauca, ha sido históricamente un epicentro de la producción de hoja de coca y, consecuentemente, un escenario principal de la lucha global contra las drogas. La erradicación de cultivos ilícitos ha sido una política constante, aunque su método ha evolucionado entre la aspersión aérea y la erradicación manual.
La polémica del glifosato, en particular, marcó un hito en la política antidrogas del país. Tras años de aplicación intensiva, la suspensión de la aspersión aérea con glifosato en 2015, por orden de la Corte Constitucional debido a sus posibles efectos cancerígenos, obligó al Estado a buscar alternativas. Esta decisión abrió un complejo capítulo de análisis científicos y discusiones jurídicas para encontrar un equilibrio entre la efectividad en la reducción de cultivos y la protección de la salud y el medio ambiente.
El actual debate sobre el glufosinato de amonio se inserta en esta compleja historia, evidenciando que la elección de herbicidas no es meramente técnica, sino que está profundamente entrelazada con consideraciones de salud pública, impacto ambiental y efectividad real en el marco de una política antidrogas que ha afectado de manera desproporcionada a comunidades rurales empobrecidas en zonas como el suroccidente colombiano.
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