A escasas horas de que los colombianos se dirijan a las urnas para definir al próximo presidente de la República, el excandidato Sergio Fajardo publicó una extensa carta en la que expuso su análisis y postura frente a la segunda vuelta presidencial. El documento, difundido a dos días del balotaje entre Iván Cepeda y Abelardo De la Espriella, enfatiza la necesidad de rechazar la polarización política que, según Fajardo, ha caracterizado la reciente contienda electoral.

La Polarización como Eje Central del Mensaje

Bajo el título “Compromiso por Colombia”, Fajardo argumenta que el país llega a la jornada electoral profundamente dividido por el miedo, la rabia y la confrontación. Calificó la campaña como una de las más agresivas de los últimos años, un señalamiento que resuena con la percepción de muchos analistas y ciudadanos sobre la dureza del debate político actual en Colombia.

El excandidato describió el inicio de la segunda vuelta como un “pésimo augurio”, marcado por discursos que considera “los más violentos y dañinos que hayamos escuchado en nuestra historia reciente”. Esta crítica abarca la ausencia de debates sustanciales y la proliferación de agresiones, falsedades, montajes, tergiversaciones, trampas e insultos, elementos que han dominado la narrativa mediática y las redes sociales durante semanas.

Fractura Social y el Riesgo Post-Electoral

Fajardo no solo diagnosticó una profunda fractura política y social, sino que también advirtió sobre los peligros inherentes a mantener esta dinámica una vez concluidas las elecciones. Su preocupación se extiende más allá del resultado inmediato, cuestionando cómo la sociedad colombiana afrontará el día después.

“Este domingo llegamos a las urnas con una Colombia llena de miedos y rabias, dividida hasta lo más profundo. Gane quien gane, no sabemos cómo vamos a amanecer el lunes 22 de junio”, expresó, reflejando una incertidumbre que se ha instalado en amplios sectores de la población.

El Contexto Político Colombiano: Un Legado de Confrontación

La retórica de Fajardo se inserta en un contexto histórico y socioeconómico colombiano marcado por décadas de conflictos, desigualdades y divisiones políticas. La polarización actual, si bien exacerbada por la era digital y las redes sociales, tiene raíces profundas en la historia del país. Desde las guerras civiles del siglo XIX, pasando por la Violencia de mediados del XX, hasta el conflicto armado contemporáneo y los complejos procesos de paz, Colombia ha sido un escenario de confrontaciones ideológicas y armadas que han fragmentado el tejido social y político. Las campañas electorales, a menudo, han sido un reflejo de estas divisiones preexistentes, utilizadas para movilizar bases y demonizar al oponente.

En el suroccidente del país, regiones como el Valle del Cauca y Cauca, incluyendo ciudades como Cali y Popayán, han sido particularmente susceptibles a estas tensiones, dadas sus complejidades étnicas, la presencia histórica de grupos armados ilegales y las disputas por la tierra y los recursos. Para estas zonas, el llamado a la despolarización y la búsqueda de consenso reviste una importancia aún mayor, ya que las divisiones políticas pueden traducirse rápidamente en inestabilidad social y recrudecimiento de violencias territoriales.

Más Allá del Resultado Electoral: La Construcción de País

Fajardo enfatizó que la edificación de la nación va más allá de un simple conteo de votos. “Colombia no se construye solo con un resultado. Se construye con un comportamiento. El de los que ganan y el de los que pierden. Cómo nos tratamos y qué hacemos después de votar dice tanto de nuestra democracia como el resultado mismo”, declaró, haciendo un llamado a la responsabilidad cívica y a la madurez política.

Asimismo, criticó la “lógica de la confrontación” que ha permeado la política colombiana durante años, donde “el otro como enemigo, no como adversario”. Para él, esta dinámica ha desembocado en “la polarización más profunda que hemos vivido”.

Autonomía del Voto y Llamado a la Sensatez

Aunque Fajardo optó por no anunciar un respaldo explícito a ninguno de los candidatos en contienda, subrayó la libertad individual del votante. “Cada ciudadano, ciudadana, es libre de votar por quien quiera: los votos no son de un líder”, manifestó, desmarcándose de la idea de que los electores son propiedades transferibles de los dirigentes políticos.

Por último, el excandidato hizo un llamado a “las personas sensatas y justas que hay en cada campaña” para que, sin importar el ganador, contribuyan a “impedir que demos el paso que falta para la destrucción”. Concluyó reiterando su compromiso de seguir promoviendo espacios de diálogo y reivindicando la voz de aquellos que se atreven a romper con la polarización y que no se rinden, a quienes denominó “los sin tribu”.