La persistencia e intensidad de las precipitaciones en Colombia han forzado a los departamentos de Casanare y Boyacá a declarar la calamidad pública. Esta medida, ya adoptada también en Arauca, busca gestionar de manera expedita la creciente emergencia que afecta a miles de familias y causa severos daños en la infraestructura vial y habitacional de estas regiones, principalmente en el nororiente del país.

El director departamental de Gestión del Riesgo de Casanare, Wilson Eduardo Porras, informó a Noticias Caracol que la decisión responde al aumento drástico de las afectaciones en la última semana. El número de damnificados en Casanare pasó de 2.500 a cerca de 7.000 personas en pocos días, una cifra que subraya la magnitud de la situación. El desbordamiento del río Tocaría y otros afluentes ha provocado inundaciones generalizadas, incluso en zonas urbanas, requiriendo evacuaciones y la habilitación de albergues temporales.

Boyacá: Vías intransitables y comunidades aisladas

En Boyacá, la gobernadora encargada detalló que la emergencia impacta a 27 municipios, con la red vial como principal punto de afectación. Numerosas veredas han quedado incomunicadas, no solo por el deterioro de las carreteras, sino también por deslizamientos que obstruyen el paso. La provincia de Gutiérrez se encuentra particularmente comprometida, con municipios como Güicán, El Cocuy y Chita sufriendo las consecuencias del incremento del caudal del río Nevado.

Acciones de respuesta en Boyacá

  • Despliegue de maquinaria amarilla (retroexcavadoras, motoniveladoras, vibrocompactadores) para remover deslizamientos.
  • Articulación con los municipios y entidades territoriales para coordinar la asistencia.
  • Priorización de la recuperación de la movilidad en las carreteras más afectadas.

Arauca: Más de 9.000 familias afectadas y un puente militar

El Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Arauca también aprobó la declaratoria de calamidad pública. Los informes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) indican más de 9.000 familias afectadas, concentrándose en los municipios de Arauquita, Saravena y Tame. Un sobrevuelo reveló cuatro puntos críticos por colapso de infraestructuras, lo que llevó a la UNGRD a instalar un puente militar entre Arauca y Norte de Santander para facilitar la ayuda humanitaria.

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Casanare: Rescate aéreo y aislamiento

En Casanare, la situación ha requerido la intervención del Ejército y la Fuerza Aeroespacial para atender a las personas aisladas en distintas poblaciones. San Luis de Palenque es uno de los municipios más castigados, con casi el 90% de su área bajo el agua, un escenario que dificulta el acceso y la distribución de asistencia.

Contexto de la ola invernal en Colombia

La recurrencia de fenómenos climáticos extremos en Colombia se ha intensificado, un patrón que, según Javier Pava, director de la UNGRD, está directamente relacionado con el cambio climático. Las lluvias torrenciales y los subsiguientes periodos de sequía son manifestaciones de esta nueva realidad, y el país se encuentra en un proceso constante de adaptación y respuesta ante estos desafíos.

La región del nororiente colombiano, donde se ubican Casanare, Arauca y Boyacá, posee una geografía compleja que la hace particularmente vulnerable. Las llanuras, planicies y estribaciones de la cordillera oriental son zonas propensas a desbordamientos e inundaciones cuando las precipitaciones alcanzan niveles críticos. Históricamente, estas zonas han enfrentado periodos de intensas lluvias que afectan la actividad agrícola y ganadera, pilares económicos de la región, así como la precaria infraestructura vial que conecta a estas comunidades con los centros urbanos y de abastecimiento.

El fenómeno de La Niña, presente o con sus rezagos, suele amplificar la temporada de lluvias en Colombia, particularmente en las regiones Andina, Pacífica y la Orinoquía. Este ciclo climático exacerba las condiciones preexistentes, como la deforestación en cuencas altas que disminuye la capacidad de absorción del suelo, o la invasión de rondas hídricas que obstruye el flujo natural de los ríos. La combinación de estos factores, sumados a una infraestructura con limitaciones para manejar grandes volúmenes de agua, crea un escenario de riesgo constante y de difícil manejo para los gobiernos locales y nacionales, afectando gravemente la seguridad alimentaria y la estabilidad social de las poblaciones rurales.

Afectación en otros departamentos y conectividad vial

La ola invernal no se limita a Casanare, Boyacá y Arauca. Departamentos como Norte de Santander y Santander también reportan afectaciones significativas. En Norte de Santander, más de 1.000 familias han sido damnificadas, y el colapso de un puente en la vía Soberanía ha incomunicado esta región con Arauca, impactando la movilidad de aproximadamente 270.000 habitantes y dificultando la logística para el envío de ayuda y el comercio local.

Los desbordamientos de ríos en estas áreas han provocado daños en viviendas, cultivos e infraestructura de acueducto, sumándose a la complejidad general de la emergencia en el nororiente colombiano. La situación demanda una coordinación interinstitucional robusta y una respuesta ágil para mitigar los impactos y asistir a las poblaciones más afectadas.

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