Cali, una de las ciudades más afectadas por el reciente sismo del 10 de agosto, es escenario de una movilización ciudadana sin precedentes: la búsqueda de mascotas extraviadas. Mientras las autoridades concentran sus esfuerzos en la emergencia humanitaria principal, la sociedad civil ha asumido el liderazgo en la recuperación de animales que, para muchas familias, representan un miembro más.
La innovadora estrategia de búsqueda: drones y geolocalización
El terremoto provocó el pánico entre los animales, especialmente los gatos, que por su naturaleza esquiva, huyeron despavoridos al sentir la tierra temblar. Los rescatistas ahora enfrentan una carrera contra el tiempo, temiendo que estas mascotas queden atrapadas en edificios que pronto serán demolidos.
Uno de los protagonistas de esta iniciativa es César Orozco, un joven caleño y exmilitar. Certificado como piloto de drones, Orozco inicialmente pensó en aplicar sus habilidades en ingeniería. Sin embargo, la emergencia le dio un giro inesperado a su propósito. Impulsado por un amigo enfermero, su primer encargo fue localizar a Lulú, una gatita del sur de Cali.
Utilizando su dron, Orozco inspeccionó el apartamento donde vivía Lulú. Al constatar que la comida y la arenera estaban intactas, comprendió que la gata no se encontraba allí. Ampliando su búsqueda aérea, la encontró finalmente entre los escombros al otro lado del edificio. La exitosa misión de Lulú marcó el inicio de una serie de solicitudes, llevando a Orozco a buscar a Kitty, Lukito Alfonso, Ramoncito, Merlín, Princesa, Bruno y Negrita, evidenciando el profundo lazo emocional entre estas mascotas y sus dueños.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Mapas digitales: una herramienta comunitaria vital
En Manizales, otra de las ciudades impactadas por el sismo, Santiago Aristizábal, un zootecnista y fundador de Agencia Pleka, implementó una solución digital: un mapa interactivo en Google Maps. Esta plataforma permite a los ciudadanos reportar fácilmente las mascotas perdidas. El mapa ha registrado:
- Más de 250 perros y gatos extraviados.
- Reportes de cuatro ciudades principales: Manizales, Pereira, Cali y Quibdó.
- Datos de municipios como Villamaría, Belalcázar, Dos Quebradas, Jamundí y Dagua.
Con más de 22.000 visitas, el mapa ha facilitado la recuperación de al menos 20 mascotas, aunque se estima que la cifra real es mayor, dado que no todos los reencuentros se reportan. Aristizábal explica la prevalencia de gatos en los reportes (aproximadamente el 90%) debido a su instinto de huida y mayor independencia en comparación con los perros, que tienden a seguir a sus dueños.
El rol de la sociedad civil ante la sobrecarga institucional
Aunque el Gobierno central ha priorizado la ayuda a las víctimas humanas, la magnitud de la crisis ha desbordado la capacidad de las instituciones de bienestar animal. Paul Steward, líder del colectivo ecologista bogotano En 8 Patas, enfatiza que, si bien se entiende la prioridad de salvar vidas humanas, la búsqueda de animales desorientados sigue siendo una necesidad urgente para muchas familias.
Steward y su equipo, que incluye a César Orozco, han rescatado a siete felinos. Un caso notable es el de Chimuelo, hallado 10 días después del sismo entre los escombros de un edificio, gracias a sus maullidos. Su familia, que había perdido a un ser querido en la tragedia, buscaba incansablemente al gato, que se había convertido en un soporte emocional vital.
Carolina García, directora de la fundación Alma Perruna, señala que los refugios están sobrepasados. «No quiero decir que el Instituto de Protección y Bienestar Animal no hace nada: velan por los animales, todos los días están pendientes si les maltratan, hacen visitas domiciliarias. Pero no tienen capacidad instalada para atender, digamos, 60 perros perdidos de repente», afirma. Ante esta realidad, organizaciones civiles y clínicas veterinarias privadas han asumido gran parte de la labor. Alma Perruna, por ejemplo, logró trasladar a Bogotá a 92 gatos y perros de Buenaventura con el apoyo de la Patrulla Aérea Civil Colombiana.
Más allá de las ciudades: el impacto en zonas rurales
El sismo también golpeó a los animales de granja en zonas rurales, que a menudo quedan fuera del foco mediático. Un ejemplo es el de un campesino en Yotoco, quien perdió toda la infraestructura para cuidar a sus vacas, ovejas y cerdos. Estos animales, parte de una granja pedagógica que visitaban niños de la región, también esperan ayuda y rehabilitación. La diversidad de animales afectados, desde felinos domésticos hasta ganado, subraya la amplitud del impacto del terremoto del 10 de agosto en el ecosistema colombiano.
Contexto regional: una resiliencia histórica
El Valle del Cauca, y en particular Cali, ha demostrado históricamente una notable capacidad de resiliencia frente a adversidades naturales y sociales. Esta región, puerta al Pacífico colombiano y eje agroindustrial, ha forjado una cultura de autoorganización y apoyo mutuo frente a desastres. La emergencia del 10 de agosto, que ha reactivado la memoria de movimientos telúricos pasados, no ha sido la excepción. La rápida articulación de la sociedad civil, evidenciada en la búsqueda de mascotas, refleja un patrón de respuesta comunitaria que complementa, y a menudo suple, las capacidades estatales en momentos críticos. Este espíritu colaborativo es un pilar fundamental en la reconstrucción y adaptación de la región ante eventos futuros, consolidando el papel de sus habitantes como actores clave en la gestión de crisis.
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