Cali, Colombia – El reciente sismo que sacudió a Cali ha dejado a cientos de familias en una situación precaria, refugiadas en albergues temporales o carpas mientras sus viviendas son evaluadas. A más de una semana del evento telúrico, la preocupación crece entre los damnificados ante la disminución de las ayudas humanitarias y la ausencia de soluciones definitivas para su reubicación o el retorno seguro a sus hogares.
La persistencia del trauma y la incertidumbre en Chiminangos
Luis Alberto Valencia, un hombre de 82 años, representa la resiliencia y el trauma de esta situación. Tras haber vivido el devastador terremoto de Armenia en 1999, que lo dejó sin empleo y pertenencias, ahora se encuentra nuevamente durmiendo fuera de su casa en el barrio Chiminangos. Su apartamento, en la torre B, no sufrió daños graves, pero el riesgo de colapso de las torres A, D y E contiguas lo obligó a evacuar. «Para mí, volver a vivir algo así, después de haber pasado por el terremoto de Armenia, es muy duro. Eso me quiebra mucho», relata Valencia, quien, sin pensión, depende de las ayudas.
La situación de Chiminangos se replica en otros sectores. Catherine Varela Valencia, residente de la torre F —ubicada junto a donde falleció una persona—, vive en una carpa con su familia y mascotas desde el 10 de agosto. El riesgo de colapso de su edificación le impide recuperar sus pertenencias. «Nuestra torre es la que está enseguida de donde falleció la señora en las escaleras. Creo que de las unidades más afectadas fue la de nosotros», explica. Aunque la solidaridad fue palpable en los primeros días, Varela lamenta la disminución progresiva de las donaciones.
Jenny Maritza, también refugiada en Chiminangos con su esposo e hijos, añade una capa de vulnerabilidad a la crisis. Su familia llegó a Cali en condición de desplazamiento desde Arauca y ahora enfrenta una nueva emergencia. Sus necesidades básicas incluyen colchonetas y ropa para los niños, junto con la imperiosa necesidad de encontrar un lugar seguro para habitar.
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En Altos de Santa Elena, barrio Meléndez, la comunidad ha tomado la iniciativa para organizar la ayuda. Jennifer, una de las líderes, coordina un centro de acopio improvisado que asiste a entre 150 y 200 personas. Ocho torres, de la 83 a la 90, han sido declaradas inhabitables y se prevé su demolición. El centro distribuye alimentos, elementos de aseo, pañales y productos para mascotas, recibidos por voluntarios. La creatividad se evidencia en neveras conectadas con extensiones desde apartamentos no afectados para preservar alimentos.
Sin embargo, la alimentación es una preocupación constante. Los desayunos y almuerzos preparados no siempre son suficientes. «Queremos dejar de depender de que la gente nos traiga los almuerzos y poder prepararlos nosotros mismos», afirma Jennifer, buscando implementar un comedor comunitario. Las lluvias de los últimos días han agravado la situación, mojando carpas, cobijas y pertenencias, lo que subraya la fragilidad de las condiciones de albergue.
El reflejo de la tragedia en el Multifamiliar Los Cerezos
La Calle 9 con Carrera 42 alberga otra zona crítica en el Multifamiliar Los Cerezos. Mauricio Arenas relata que algunos vecinos se han instalado en carpas, mientras otros han tenido que asumir alquileres temporales, con la angustia de no saber qué pasará con sus propiedades y pertenencias. A pesar de que el edificio se mantiene en pie, su acceso es casi imposible por las graves afectaciones. La solidaridad vecinal es fundamental; un residente permite el uso de su baño, mientras el agua y los alimentos provienen de donaciones.
Contexto del riesgo sísmico y la vulnerabilidad en Cali
La situación en Cali, una ciudad con una densidad poblacional significativa y un desarrollo urbano que históricamente ha enfrentado desafíos en la aplicación de normativas de construcción, subraya la vulnerabilidad de amplios sectores ante eventos sísmicos. Si bien Colombia cuenta con un Código Colombiano de Construcciones Sismorresistentes (NSR-10), la antigüedad de muchas edificaciones y la informalidad en ciertas construcciones representan riesgos latentes. Este sismo ha puesto en evidencia no solo la fragilidad de la infraestructura, sino también las desigualdades socioeconómicas que determinan la capacidad de respuesta y recuperación de las comunidades. La crisis actual demanda una revisión profunda de las políticas de gestión del riesgo y una planificación urbana que priorice la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, especialmente aquellos en situación de mayor vulnerabilidad.
Balance en los albergues: cifras que demandan atención
El albergue de las Canchas Panamericanas, uno de los más grandes, acogía a 23 familias (65 personas) el pasado jueves. Este grupo incluía 32 adultos, 5 adultos mayores y 28 niños o adolescentes. Notable es la presencia de 2 personas en situación de discapacidad, 11 extranjeros y 30 víctimas del conflicto armado interno, evidenciando la complejidad social de los desplazados.
Aunque 87 personas de este albergue fueron trasladadas a hoteles, la Administración Distrital asegura que continúa acompañando a las comunidades y articulando la atención. Funcionarios de la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana, junto a ingenieros de Vivienda Social y Hábitat y la Unidad Administrativa Especial de Gestión del Riesgo de Desastres, realizan verificaciones en Chiminangos II. No obstante, la principal demanda de los afectados sigue siendo clara: soluciones a largo plazo y la garantía de que no serán olvidados a medida que la emergencia deja de ser el centro de atención mediática.
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