Bogotá, Colombia – Las Fuerzas Militares de Colombia han presentado un balance de sus operaciones durante las primeras tres semanas de la administración del presidente Abelardo De La Espriella, reportando la captura de 702 personas y la neutralización de 21 presuntos miembros de grupos armados ilegales. Este informe inicial, si bien busca proyectar una imagen de contundencia en materia de seguridad, no ha estado exento de controversias, especialmente tras confirmarse la muerte de menores de edad en bombardeos militares.
Balance Operacional: Un Inicio Contundente en Cifras
El reporte oficial detalla una serie de acciones enfocadas en la desarticulación de organizaciones criminales, el combate al narcotráfico y la minería ilegal. Además de las capturas y bajas, se registraron 35 sometimientos a la justicia y dos presentaciones voluntarias. Un aspecto significativo es la recuperación de más de 30 menores de edad, presuntamente reclutados por estas estructuras ilegales, en diversas regiones del país.
Las ofensivas aéreas han sido un componente clave de la estrategia. Se destacaron operaciones en los municipios de El Retorno y Miraflores, ubicados en el departamento del Guaviare. Estas intervenciones resultaron en la muerte de 18 individuos identificados como integrantes de las disidencias, específicamente de la facción ‘Calarca’ liderada por alias ‘Urias Perdomo’.
Lucha contra Economías Ilícitas
La estrategia de seguridad también ha puesto énfasis en la afectación de las fuentes de financiación de los grupos armados. En este periodo inicial, se incautaron:
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →- 14,6 toneladas de clorhidrato de cocaína.
- 6 toneladas de marihuana.
- 613 kilogramos de pasta base de coca.
- 17,1 toneladas de hoja de coca.
Adicionalmente, las autoridades destruyeron 11 laboratorios dedicados a la producción de cocaína y 103 infraestructuras utilizadas para el procesamiento de pasta base. En el frente de la minería ilegal, se reportaron 72 detenciones, la incautación de 34.863 galones de combustible, la intervención de 28 dragas, 23 unidades de maquinaria amarilla y 134 socavones o unidades de producción no autorizadas.
El decomiso de armamento también fue considerable, con un total de 214 armas cortas, 41 armas largas, tres armas de acompañamiento, 926 artefactos explosivos y 19.778 cartuchos de munición.
Controversia por Muerte de Menores en Operaciones
A pesar de las cifras presentadas, el inicio de la gestión en seguridad se vio empañado por la confirmación de la muerte de tres menores de edad en uno de los bombardeos. Medicina Legal determinó que dos de las víctimas tenían 15 años y una 16, lo que reavivó el debate sobre la proporcionalidad y legalidad de ciertas operaciones militares cuando hay presencia de menores reclutados.
El presidente De La Espriella ha salido en defensa de las Fuerzas Militares, enfatizando que estas «combaten, con las armas de la República y conforme a la Constitución y la ley, a los grupos narcoterroristas». El mandatario ha manifestado su respaldo total a las operaciones, señalando a los grupos armados ilegales como los verdaderos responsables al reclutar menores y utilizarlos como escudos humanos, lo que, a su juicio, constituye una violación flagrante del derecho humanitario. El presidente ha prometido mantener la ofensiva contra estos grupos, con el objetivo de «reconstruir los valores de La Patria y retomar la soberanía que le había sido entregada al narcoterrorismo».
Contexto de Seguridad en Colombia: Desafíos Persistentes
El anuncio de estas operaciones y sus consecuencias se da en un contexto complejo para Colombia, donde la presencia de grupos armados ilegales como disidencias de las FARC y el ELN, así como bandas criminales ligadas al narcotráfico, sigue siendo un desafío considerable para la estabilidad y seguridad en zonas rurales. Departamentos como el Guaviare, donde ocurrieron los bombardeos mencionados, son históricamente estratégicos para estas organizaciones debido a su geografía, que facilita el cultivo de coca y el establecimiento de corredores de movilidad. La política de seguridad del nuevo gobierno se enfrenta al reto de equilibrar la ofensiva militar con la protección de los derechos humanos, especialmente la de los menores, en un país que aún lidia con las cicatrices de un conflicto armado prolongado y la persistencia del reclutamiento forzado.
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