La constante referencia del presidente Abelardo De La Espriella a símbolos y expresiones religiosas, como «Cristo Rey», ha encendido un debate significativo sobre la laicidad del Estado colombiano. Esta controversia, que trasciende la esfera personal de la fe presidencial, ha encontrado una de sus voces más críticas en el sacerdote jesuita Francisco de Roux, expresidente de la Comisión de la Verdad.

De Roux ha solicitado públicamente a De La Espriella abstenerse de emplear dichas invocaciones para lo que describió como «entusiasmar una especie de guerra religiosa». Esta declaración subraya la creciente preocupación en diversos sectores sobre la difusa línea entre la convicción personal de un mandatario y la neutralidad que debe mantener una institución estatal.

La persistencia de la retórica religiosa en la Casa de Nariño

Desde su ascenso a la Presidencia, Abelardo De La Espriella ha incorporado de manera visible y reiterada elementos de fe en su discurso público. Frases alusivas a Dios, «Cristo Rey» y la Virgen de Fátima se han vuelto recurrentes, manifestándose incluso en momentos de crisis nacional. Un ejemplo reciente fue la mención de la «ayuda divina» durante una evaluación de los daños por el terremoto del 10 de agosto en Buenaventura, al abordar la continuidad educativa de los afectados.

Esta práctica ha provocado interrogantes sobre la idoneidad de mezclar creencias religiosas con el ejercicio de la máxima autoridad ejecutiva en un país constitucionalmente laico. La inquietud principal no reside en la fe del presidente, sino en el espacio que esta ocupa en un discurso que representa a la totalidad de la ciudadanía, independientemente de sus convicciones.

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La preocupación de Francisco de Roux: del respeto a la advertencia

En una entrevista con la periodista Marta Ruiz para el medio Cambio, Francisco de Roux abordó directamente este tema. El jesuita, conocido por su labor en la reconciliación y la paz en Colombia, manifestó su respeto por la conversión religiosa de De La Espriella, incluso expresando que la considera «verdadera». Sin embargo, su crítica se centró en la instrumentalización de lo sagrado en el ámbito político.

«No utilice las imágenes religiosas, el grito de ‘Cristo Rey’, para entusiasmar una especie de guerra religiosa»

Esta frase condensa la esencia de su llamado. Para De Roux, la «utilización de Dios en la política es lo más peligroso», especialmente cuando este lenguaje religioso se articula con un discurso de «mayor fuerza» hacia los grupos armados. Si bien el sacerdote reconoce la necesidad de Fuerzas Militares e instituciones que hagan cumplir la ley, advierte sobre la transformación de la respuesta militar en un «eje dominante para resolver los conflictos», lo que denomina «militarismo».

Colombia: un Estado laico ante el desafío de la neutralidad

El debate actual no es meramente opinativo; tiene un sólido marco constitucional. La Carta Magna de Colombia garantiza la libertad religiosa para todos los ciudadanos y, por extensión, para el Presidente. Sin embargo, este derecho individual coexiste con el principio fundamental de que Colombia es un Estado laico.

La Corte Constitucional ha sido enfática en reiterar que el Estado colombiano se caracteriza por:

  • La igualdad entre todas las confesiones religiosas.
  • La estricta separación entre las iglesias y el Estado.
  • La prohibición para las autoridades de identificarse formalmente con una religión o realizar actos oficiales de adhesión, incluso simbólica, a una creencia específica.

Un precedente clave se estableció en una sentencia de 2023, donde la Corte dictaminó que una entidad pública que modificó su jornada laboral para convocar institucionalmente a sus funcionarios a una eucaristía por la Virgen del Carmen, incurrió en una adhesión institucional y pública a una religión específica. Este fallo, aunque no aplica directamente al caso de De La Espriella, sienta jurisprudencia sobre los límites de la manifestación religiosa por parte de entes estatales.

La cuestión central, por tanto, no es si Abelardo De La Espriella puede ser creyente, sino cuándo sus declaraciones provienen de sus convicciones personales y cuándo lo hace como Presidente de la República, un rol que exige la representación de un Estado que, por mandato constitucional, debe mantener una rigurosa neutralidad religiosa. La intervención de Francisco de Roux se consolida así como un llamado significativo a preservar la laicidad estatal frente a la creciente presencia de la fe en el discurso presidencial.

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