América Latina se enfrenta a la inminente amenaza de un fenómeno El Niño de proporciones históricas, calificado por algunos expertos como un «Súper El Niño». Gobiernos de la región, desde Perú hasta Colombia y México, han comenzado a activar planes de contingencia, aunque la escala del desafío climático podría superar la capacidad de respuesta actual. La probabilidad de un evento «muy fuerte» entre octubre y diciembre de este año supera el 80%, con impactos que podrían extenderse hasta 2027.

El pronóstico de un «Súper El Niño»

Según el último reporte del Centro para la Predicción del Clima (CPC) de la NOAA, existe una probabilidad del 81% de que el actual El Niño se manifieste con una intensidad «muy fuerte» en los últimos meses de 2024. Este pronóstico sugiere que el evento podría ubicarse entre los más significativos desde la década de 1950, superando los escenarios de El Niño «normales» que ocurren cada pocos años.

El doctor Ángel Adames, profesor del departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de la Universidad de Wisconsin-Madison, advierte que «los impactos se van a seguir sintiendo en 2027. Incluso, los peores impactos van a ser el próximo año». Esta proyección subraya la necesidad de una planificación a largo plazo y no solo de medidas reactivas.

Factores que intensifican el fenómeno

Un episodio típico de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) implica un aumento de 1.5°C en la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical central. Sin embargo, para que se catalogue como «fuerte» o «muy fuerte», intervienen múltiples factores climáticos. Adames explica que el debilitamiento de los vientos alisios, que normalmente enfrían las costas de Perú y Ecuador, ha permitido un calentamiento súbito del agua. Además, la conjunción de otras anomalías meteorológicas, como la retroalimentación océano-atmósfera y los cambios en la termoclina, han potenciado el fenómeno de manera excepcional.

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El calentamiento global también es señalado como un factor que agrava la intensidad de estos eventos, haciendo que los «efectos canónicos» de El Niño, como sequías prolongadas, olas de calor extremas y lluvias torrenciales, sean más marcados y devastadores.

Impactos regionales diferenciados

Los efectos del «Súper El Niño» no serán uniformes en toda América Latina, presentando un mosaico de escenarios climáticos:

  • México y Centroamérica: Se esperan tormentas invernales más intensas en el norte de México, pero calor extremo y sequías en el sureste y en el «corredor seco» de Centroamérica. La temporada de huracanes en el Pacífico podría ser más activa y potente.
  • Caribe: Tendencia a sequías, lo que podría generar escasez de agua para la agricultura y ganadería, además de olas de calor severas.
  • Perú y Ecuador: El «epicentro» de El Niño generará el «Niño costero», con lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos. La pesca, pilar económico, se verá gravemente afectada por los cambios en la temperatura del océano. Partes de Perú, junto con Bolivia, también podrían enfrentar sequías severas que comprometerán la agricultura.
  • Colombia, Venezuela y Norte de Brasil: Pronóstico de sequías severas que impactarán la agroindustria, reducirán el caudal de ríos y limitarán la generación de energía hidroeléctrica.
  • Sur de Brasil, Uruguay, Paraguay, Norte de Argentina y Chile: Se registrarán lluvias más intensas. Si bien pueden favorecer la agricultura, un exceso, como el observado en El Niño de 1997, podría provocar inundaciones devastadoras.

Adames enfatiza que «las olas de calor tienden a ser el fenómeno meteorológico más letal», una advertencia que a menudo se subestima en la discusión pública.

La situación en Colombia y el suroccidente

En el caso particular de Colombia, las proyecciones de sequía severa representan un desafío considerable para el sector agropecuario y la seguridad energética, dado que gran parte de la matriz eléctrica del país depende de las centrales hidroeléctricas. La reducción del caudal de ríos como el Cauca y el Magdalena podría afectar el transporte fluvial y el abastecimiento de agua en varias regiones.

El suroccidente colombiano, incluyendo el Valle del Cauca, Cauca y Nariño, es una zona de alta vulnerabilidad. Históricamente, episodios de El Niño han provocado en esta región:

  • Disminución de precipitaciones: Afectando cultivos clave como la caña de azúcar, café y otros productos agrícolas que dependen de un régimen de lluvias constante.
  • Estrés hídrico: Reducción de los niveles de los ríos que surten acueductos municipales, especialmente en zonas montañosas y rurales.
  • Incendios forestales: Las sequías incrementan drásticamente el riesgo de conflagraciones, con el consecuente daño ambiental y para la salud pública.
  • Afectación a la biodiversidad: La alteración de ecosistemas, particularmente en zonas de páramo y selva húmeda tropical, que son cruciales para la regulación hídrica.

La capacidad de respuesta institucional en Colombia ha sido puesta a prueba con cada evento climático. El reciente decreto de emergencia y el paquete presupuestario propuesto por el gobierno nacional para la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, aunque parcialmente suspendido, buscaba mejorar la infraestructura y la preparación. La transición de gobierno plantea interrogantes sobre la continuidad y eficacia de estas medidas, cruciales para mitigar el impacto en una nación con una compleja geografía y una significativa población rural.

Llamado a la preparación y educación

Más allá de las acciones gubernamentales, el Dr. Adames reitera la importancia de la educación y la preparación ciudadana. «Necesitamos mejor educación sobre qué es El Niño y cuáles son sus impactos», afirma. La advertencia es clara: los ciudadanos deben estar informados sobre los riesgos específicos en sus localidades y tomar medidas preventivas, como el racionamiento de comida y agua. «Debemos tener una mentalidad de preparación, porque estamos viviendo tiempos muy difíciles», concluye el experto.

La combinación de un «Súper El Niño» con factores externos como la volatilidad en el precio de los fertilizantes por conflictos geopolíticos, podría agravar la seguridad alimentaria. La atención y acción coordinada de gobiernos, comunidades científicas y la ciudadanía son fundamentales para enfrentar los desafíos que este fenómeno climático sin precedentes impondrá a América Latina.

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