Madrid ebulló este lunes en una marea humana de casi dos millones de almas, teñida de rojo y grana, para recibir a la Selección de España, flamante doble campeona del mundo. La victoria obtenida en Nueva Jersey, que congregó a una audiencia televisiva de 15.706.000 espectadores de media sumando todos los canales, desató una euforia colectiva que transformó las calles de la capital en un epicentro de celebración inédito en años.
Desde Abuelos que recordaban el primer título mundial hasta jóvenes que vivían su primera experiencia con un triunfo de esta magnitud, la capital española se unió en una algarabía de cánticos, vítores y banderas. La gesta de los 26 futbolistas catalizó un sentimiento de unión nacional, aunque con matices y reflexiones sobre el actual panorama social del país.
Cibeles, epicentro de la fiesta mundialista
La Plaza de Cibeles, uno de los iconos de la capital española, se convirtió en el punto neurálgico de la celebración. Desde media tarde, y bajo un sol implacable, miles de aficionados comenzaron a congregarse, armados con paraguas, bocinas y provisiones mínimas de agua. El ambiente festivo se adueñó del lugar con un coro incesante de «¡Campeones del mundo!» y «¡Yo soy español!», mezclado con ritmos de reggaeton provenientes de los altavoces.
El espectáculo en Cibeles arrancó pasadas las 19:00 horas, con un animador que contagió su energía a la multitud, seguido de sesiones de DJ. Previo a la esperada llegada de los jugadores, la banda Viva Suecia y el cantante Saiko ofrecieron breves conciertos, calentando aún más el ambiente de anticipación. Los futbolistas, tras una serie de compromisos protocolarios que incluyeron visitas al Palacio de la Zarzuela y a la Moncloa, iniciaron su recorrido de baño de masas, transformando el trayecto en una caravana de alegría y reconocimiento.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Un reflejo de la sociedad española: euforia y polarización
La euforia palpable contrastó con una reflexión subyacente sobre el estado actual de la sociedad española. Julián García, un madrileño de 59 años que presenció ambas finales ganadas por España, compartió su perspectiva: «La alegría de aquel mundial fue mayor. Unió a todo el país. Consiguió que se levantaran todas las barreras entre nosotros, aunque luego acabara desdibujándose». Añadió con cierta dosis de pesimismo: «Estoy feliz por el equipo maravilloso que se ha conseguido reunir, pero creo esta no nos va a unir tanto. No soy muy optimista. Hay demasiada polarización». Sin embargo, concluyó con un dejo de esperanza: «Pero habrá que ver».
María Luisa Gómez, toledana de 62 años, compartió un sentimiento similar mientras esperaba la rúa en la calle Princesa. Con una pulsera rojigualda y gafas de sol, expresó: «Me ha encantado cómo esta selección juega en equipo, sin subrayar las genialidades y siendo el bien común lo que prima. Ojalá se nos pegue como sociedad algo de lo que es este equipo».
La rúa de los campeones: un río de emociones
El paso del autobús con los jugadores fue un espectáculo de fervor. Gritos de «¡España, España, España!» alertaban de su proximidad. Más teléfonos que bufandas se alzaban para capturar el momento. Los jugadores, entre selfies con el público, el levantamiento de la copa y brindis con champán, se entregaron a la celebración. Ferran, el goleador de la final, acaparó gran parte de la atención, desatando la euforia de grupos de adolescentes.
En medio de la multitud, historias individuales se entrelazaban con el júbilo colectivo. Marisa Salmerón, de 90 años, aguardaba en la esquina de la Glorieta de Ruiz Jiménez, acompañada por su nieta y dos hijas. Desde su silla de ruedas, observaba expectante hasta que, con la llegada de los jugadores, se levantó con dificultad, apoyándose en la barandilla, para saludar a la plantilla. Con la bandera rojigualda pintada en sus mejillas, recordó con emoción a su marido, socio fundador del Real Madrid, fallecido recientemente a los 102 años. «Ojalá pudiera ver esto», dijo, con la alegría reflejada en su rostro: «Estoy muy feliz».
Jaime Tite, quien solo tenía cuatro años cuando España ganó su primer Mundial, revivía la experiencia con mayor intensidad, ahora rodeado de amigos en la calle. «Me acuerdo como si hubiera sido ayer. Teníamos la televisión cúbica esta», rememoró, para añadir: «Ahora sí se puede sentir».
Un cierre apoteósico en Cibeles
La llegada de los jugadores a Cibeles a las 22:00 desató la locura total. El júbilo fue desbordante con los bailes de Lamine Yamal y Nico Williams, la aparición de Marcos Llorente con sus gafas, Oyarzabal en el escenario con Potra Salvaje, y el emotivo discurso de Rodri, el capitán: «Somos campeones del mundo. Viva la madre que nos parió», declaró el MVP del Mundial. El centrocampista dedicó palabras especiales a Ferran: «Me gustaría acordarme de una persona muy importante para mí, un jugador que ha sido injustamente criticado y que hoy es historia del fútbol español: Ferran».
La fiesta concluyó con Borja Iglesias como DJ improvisado y la actuación de Aitana interpretando «Superestrella», la canción de España en el Mundial, con el público enloquecido. Una nueva generación de campeones ha nacido, y con ella, la ilusión de la afición española en futuras conquistas.
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