Pereira, la capital de Risaralda, enfrenta una nueva crisis tras el potente terremoto que sacudió el país el pasado 10 de agosto: una oleada de saqueos organizada por grupos delictivos que aprovechan el caos y la destrucción. Las autoridades han detectado la presencia de bandas que abren socavones y túneles en estructuras colapsadas para extraer objetos de valor, dinero y mercancía.
La situación ha generado una profunda preocupación entre la población y las fuerzas de seguridad. Los delincuentes operan de madrugada, utilizando tácticas sofisticadas y, en algunos casos, suplantando la identidad de socorristas para acceder a las zonas más afectadas.
Estrategias de hurto: disfraz y subterráneos
La Policía Metropolitana de Pereira ha identificado patrones claros en la operación de estas redes criminales. Según el coronel Óscar Ochoa, comandante de la institución, los delincuentes se hacen pasar por rescatistas, voluntarios u otro personal autorizado. Para ello, emplean indumentaria y elementos propios de los organismos de atención de emergencias, lo que les permite evadir los controles de seguridad establecidos en los perímetros de las zonas de desastre.
Algunos grupos, incluso, han llegado al extremo de difundir información falsa sobre la existencia de personas con vida bajo los escombros. Este engaño sirve como justificación para ingresar a puntos específicos y alcanzar lugares donde sospechan que aún persisten bienes de alto valor. Las operaciones se concentran especialmente en las horas de la madrugada, cuando la vigilancia puede ser menos intensa.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →El coronel Ochoa destacó la sofisticación de estas acciones: “Durante la noche, estamos reforzando el patrullaje, porque a las dos de la mañana estamos viendo personas caminar en el centro, que buscan las formas de ingresar a través de socavones. Buscan los escombros para ocultarse, y hemos detectado algunos que llegan donde específicamente están las cajas fuertes, hasta donde hay objetos de valor”.
Objetivos específicos y vigilancia policial
Los criminales han enfocado sus esfuerzos en edificaciones que, antes del sismo, albergaban establecimientos con grandes cantidades de dinero o mercancía de alto valor. Entre los blancos identificados por las autoridades se encuentran:
- Bancos y entidades financieras.
- Joyerías.
- Casinos.
- Compraventas.
- Supermercados.
- Tiendas de venta de celulares y electrónica.
La Policía Metropolitana ha desplegado unidades especializadas, incluyendo el Bloque de Búsqueda y el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), para investigar a fondo estas redes. El objetivo es identificar a los responsables, comprender sus métodos de operación y prevenir futuros saqueos. El comandante Ochoa enfatizó: “Estamos detrás de los ladrones, estamos buscando quiénes son los que, a través de diferentes fachadas, se disfrazan, se ponen cascos, se cambian sus atuendos. Estamos detrás de estas personas, quienes están intentando ingresos a estos sectores comerciales».
Contexto nacional: una región vulnerable
La región del Eje Cafetero, y en particular Pereira, ha sido históricamente susceptible a desastres naturales debido a su ubicación geográfica en una zona de alta actividad sísmica. La vulnerabilidad de su infraestructura, sumada a las deficiencias en la planificación urbana en algunas áreas, agrava las consecuencias de eventos como el reciente terremoto. Este contexto de fragilidad física se superpone con desafíos socioeconómicos preexistentes, como la informalidad laboral y la presencia de economías ilícitas, que pueden ser exacerbados por la coyuntura de una emergencia. Los periodos de crisis suelen ser aprovechados por organizaciones criminales para operar con mayor impunidad, explotando el desorden y la priorización de la atención humanitaria sobre la seguridad ciudadana. La presencia de saqueadores en este escenario no solo representa una pérdida material adicional para los damnificados, sino también un golpe moral a una comunidad que ya lucha por recuperarse.
Refuerzo de seguridad y llamado a la ciudadanía
Más allá de las operaciones de investigación, la Policía ha reforzado la presencia en las zonas afectadas. Se han destinado cerca de 2.600 uniformados a labores de seguridad y atención de la emergencia, incluyendo refuerzos provenientes de Bogotá y otras ciudades. Cada albergue habilitado para los damnificados cuenta con un mínimo de diez agentes. Sin embargo, la institución también enfrenta dificultades para alojar a este personal adicional debido a las afectaciones en hoteles y otros establecimientos.
Las autoridades han reiterado la importancia de mantener los controles de acceso a las áreas dañadas y de que solo personal autorizado ingrese a las estructuras inestables. Se ha hecho un llamado a la ciudadanía para que reporte cualquier comportamiento sospechoso. Esta vigilancia conjunta es crucial para evitar que la tragedia sea doblemente explotada por la delincuencia, sumando pérdidas a las familias y comerciantes que ya han sufrido el impacto devastador del sismo.
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