Bogotá, Colombia – La suspensión de los Premios y Reconocimientos del Programa Nacional de Estímulos 2026, oficializada por el Ministerio de las Culturas mediante la Resolución 1887 el pasado 14 de septiembre, ha generado una fuerte reacción en el ámbito cultural colombiano. Patricia Ariza, cofundadora del Teatro La Candelaria y directora de la Corporación Colombiana de Teatro, ha expresado su profunda tristeza y desacuerdo con la medida, calificándola no solo como un recorte presupuestario, sino como una visión reduccionista del papel de la cultura en la sociedad.
Ariza, quien también ocupó la cartera de Cultura, enfatiza que más allá de la afectación económica, lo preocupante es la filosofía subyacente que, a su juicio, busca «recortar la cultura». La exministra destacó que la justificación oficial de «restricciones de caja agravadas por la declaratoria de emergencia tras el terremoto del 10 de agosto» es un pretexto, y que el presupuesto para la cultura sí existe, requiriendo únicamente una adecuada gestión.
La «Batalla Cultural» y el Lenguaje
En su crítica, Patricia Ariza amplía el concepto de «recorte» más allá de lo económico, refiriéndose a una «batalla cultural» que, según ella, se manifiesta incluso en el lenguaje. Mencionó la supuesta eliminación de términos como «niña» y «campesino» en el lenguaje institucional, argumentando que detrás de estas palabras hay historias de lucha y reconocimiento fundamentales para la nación y la equidad de género.
Para Ariza, esta es una «batalla contra la cultura, contra las artes y contra los saberes», en un momento en que la sociedad necesitaría más que nunca apoyo para la expresión cultural. Hizo un paralelo con el plebiscito por la paz, donde la «guerra a la paz» llevó al triunfo del «no», sugiriendo que la actual coyuntura cultural es una maniobra similar para moldear el imaginario colectivo.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Impacto en el Sector Artístico y el Festival de Mujeres en Escena
La suspensión de estímulos impacta directamente a entidades como el Teatro La Candelaria y la Corporación Colombiana de Teatro, así como a la totalidad del sector cultural. Ariza lamenta que, en un contexto global de múltiples conflictos, se limite la libertad y el apoyo a las artes. La crítica no se centra únicamente en su proyecto, sino en el teatro y la cultura colombiana en su conjunto.
El Festival de Mujeres en Escena por la Paz, que celebra su edición número 35 del 22 al 28 de septiembre, se ve directamente afectado por esta situación. A pesar de la precariedad presupuestaria, el evento se mantiene con una programación en dos salas emblemáticas de Bogotá: el Teatro La Candelaria y la Sala Seki Sano de la Corporación Colombiana de Teatro. La entrada será libre, con aporte voluntario, buscando la sostenibilidad a través de la participación del público.
Orígenes y Propósito del Festival
El Festival de Mujeres en Escena por la Paz nació hace más de 35 años como un «elemental acto de justicia». Patricia Ariza relata cómo, al realizar una lista de directores y dramaturgos, observó que casi el 97 por ciento eran hombres. Esta desproporción motivó la creación de un espacio que visibilizara y enriqueciera el teatro con la mirada femenina. El festival busca un equilibrio, promoviendo un teatro que «combina lo épico con lo más pequeño, con lo mínimo», y que da voz a realidades frecuentemente ignoradas, como las de víctimas del conflicto armado y de la violencia de género, habitantes de calle y adultas mayores.
Contexto de los Recortes Culturales en Colombia
Colombia, un país con una vasta diversidad cultural y una historia marcada por conflictos sociales y políticos, ha visto históricamente la inversión en cultura fluctuar significativamente. Si bien el sector artístico ha demostrado resiliencia y creatividad, la dependencia de estímulos estatales y patrocinios se mantiene como un pilar fundamental para su subsistencia y desarrollo. Regiones como el Valle del Cauca, Cali, Popayán y el suroccidente, conocidas por su riqueza en expresiones artísticas y tradiciones ancestrales, a menudo son las primeras en sentir el impacto de recortes presupuestarios, exacerbando las dificultades de acceso y producción cultural en zonas ya de por sí vulnerables. La discusión sobre el presupuesto cultural no es solo una cuestión económica, sino que se enmarca en un debate más amplio sobre la prioridad que el Estado le otorga a la construcción de tejido social, la memoria histórica y la identidad nacional a través del arte.
Acciones y Resistencia Cultural
Frente a la situación, Patricia Ariza y otros actores del sector no planean quedarse en silencio. Se ha anunciado un programa semanal con la participación de exministros de Cultura, incluyendo a Yannai Kadamani y Juan David Correa, para debatir públicamente sobre estos recortes. La resistencia cultural se manifestará también en la realización del Festival, que Ariza describe como «enormemente grande en contenido» a pesar de las limitaciones físicas.
El mensaje de Ariza es claro: la cultura «no se recorta, no se toca: se apoya». La artista concluyó su intervención manifestando que, si se encontrara con el presidente, no le diría nada, sino que simplemente se retiraría, un gesto que subraya la profundidad de su desencanto y la firmeza de su postura ante la política cultural actual.
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