La Fiscalía General de la Nación, en una operación conjunta con la Policía Nacional, anunció la judicialización de 17 individuos presuntamente implicados en una sofisticada red de extorsión telefónica, con epicentro en el establecimiento penitenciario El Barne, ubicado en Cómbita, Boyacá. Entre los detenidos, destaca la participación de cinco dragoneantes del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), quienes son señalados de facilitar la entrada de teléfonos celulares y otros dispositivos esenciales para la comisión de estos delitos desde el interior de la prisión.

La Red de Extorsión: Operación y Alcance

Según los detalles de la investigación, esta organización criminal habría operado activamente entre enero y diciembre de 2025. Las pruebas recabadas por las autoridades sugieren un modus operandi bien estructurado, donde diferentes miembros cumplían roles específicos:

  • Recolección de Información: Algunos implicados se encargaban de obtener datos sensibles de las víctimas, incluyendo su situación económica, dirección de residencia y detalles familiares.
  • Coordinación con Reclusos: Otra facción de la red se encargaba de hacer llegar esta información a los reclusos confinados en diversos pabellones de la cárcel El Barne.
  • Ejecución de Extorsiones: Con la información en mano, los internos realizaban llamadas intimidatorias a ciudadanos en múltiples regiones del país, simulando ser integrantes de grupos armados organizados. Las amenazas eran contundentes: desde afectaciones a propiedades hasta la muerte, si no se realizaban consignaciones o giros de dinero.

    Implicación de Funcionarios del INPEC

    La investigación subraya un elemento particularmente preocupante: la complicidad de funcionarios públicos. Cinco dragoneantes del INPEC fueron identificados y judicializados por su presunta participación en la red. Se trata de Javier Alexander Hernández Castillo, John Fredy Pineda Rivera, Cristian Mauricio Arcos, Brayan Esteven Salamanca Díaz y Deivis Maryu Forero Gómez.

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    La Fiscalía sostiene que estos funcionarios habrían incumplido gravemente sus deberes de custodia, permitiendo el ingreso de los elementos prohibidos —principalmente teléfonos celulares— que eran fundamentales para que la red mantuviera sus operaciones extorsivas desde la reclusión. Su rol habría sido clave para superar los controles de seguridad y mantener la comunicación entre los reclusos y el exterior.

    Desarrollo de la Operación y Áreas de Afectación

    Las capturas se llevaron a cabo en una serie de diligencias ejecutadas de forma simultánea en diversas localidades. Además de Bogotá, los operativos se extendieron a municipios en los departamentos de Antioquia, Atlántico, Norte de Santander, Santander, Caquetá, Valle del Cauca y Boyacá. Esta dispersión geográfica de las capturas evidencia el amplio alcance territorial de la red de extorsión, demostrando que sus víctimas no se limitaban a una sola región, sino que abarcaban un espectro nacional.

    Contexto de Impunidad y Delito Carcelario en Colombia

    Este caso pone de manifiesto una problemática recurrente en el sistema penitenciario colombiano: la dificultad de erradicar las extorsiones y otros delitos que se coordinan desde las cárceles. A pesar de los esfuerzos de las autoridades, el ingreso de elementos prohibidos como celulares, a menudo con la complicidad de funcionarios, sigue siendo un desafío considerable. La situación en prisiones como El Barne, aunque geográficamente distantes, tiene repercusiones directas en la seguridad ciudadana de regiones clave como el Valle del Cauca y sus principales ciudades, como Cali, donde las denuncias por extorsión son constantes y afectan a comerciantes, profesionales y ciudadanos comunes.

    Históricamente, la corrupción en las instituciones encargadas de la seguridad y el control penitenciario ha sido un factor que alimenta estas redes criminales. La presente judicialización de dragoneantes del INPEC, aunque dolorosa para la institución, es un paso fundamental para intentar restaurar la confianza y desmantelar estas estructuras internas que socavan la función resocializadora y de seguridad que debería tener el sistema carcelario. La lucha contra la extorsión carcelaria no solo es una cuestión de captura, sino también de depuración institucional y de fortalecimiento de los mecanismos de vigilancia y control dentro de los centros de reclusión, así como de un incremento sustancial en la tecnología para el bloqueo de señales móviles dentro de las instalaciones penitenciarias, una medida largamente debatida y aún con desafíos en su implementación efectiva a nivel nacional.

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