DANE PIERDE CREDIBILIDAD, TRAS SALIDA DE RICARDO VALENCIA
En apenas 26 días al frente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Ricardo Valencia pasó de ser la primera apuesta del gobierno de Abelardo de la Espriella para dirigir la entidad técnica más sensible del país, a convertirse en el símbolo de una crisis institucional que pone en entredicho la autonomía estadística de Colombia.
Una rueda de prensa, una salida
El economista, exsubdirector general del DANE entre 2018 y 2022, asumió el cargo el 19 de agosto tras el cambio de gobierno que llevó a De la Espriella a la presidencia con la promesa de romper con el legado de Gustavo Petro. Su primera y única comparecencia pública fue para presentar el dato de desempleo de julio: 8,1%, la cifra más baja para ese mes desde 2001.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Fue en ese mismo evento donde Valencia afirmó algo que terminaría por costarle el puesto: que no había encontrado evidencia de manipulación en las cifras producidas durante la administración anterior, encabezada por Petro. El 14 de septiembre, De la Espriella lo declaró insubsistente mediante decreto.
La versión oficial
Desde la Presidencia se ofrecieron dos justificaciones para la salida. Por un lado, se argumentó que Valencia aseguró que no existían anomalías en los indicadores sin que previamente se hubieran realizado auditorías profundas sobre los procesos estadísticos. Por otro, se le atribuyó desconocer la Directiva Presidencial 001, que exige autorización previa a los funcionarios del Ejecutivo para hacer declaraciones públicas.
El propio Valencia contradijo esa narrativa en una entrevista radial: aseguró que nunca recibió ninguna señal de inconformidad de parte de la Presidencia o del presidente antes de su destitución. En su reemplazo fue nombrado Juan Manuel Alvarado Nivia, economista cuya gestión durante la atención de un reciente terremoto llamó la atención del mandatario. Entre las tareas fijadas para la nueva dirección están revisar rigurosamente la información estadística heredada y fortalecer las capacidades tecnológicas de la entidad.
## Un patrón que preocupa
El episodio no es aislado. Días antes, según reportó *La Silla Vacía*, la propia Presidencia había ordenado al DANE cancelar una rueda de prensa, invocando la misma directiva sobre declaraciones públicas. El problema, señalan varios exdirectores de la entidad, es que el DANE no es un ministerio cualquiera: una ley propia —la 2335 de 2023— protege su independencia técnica, incluida la forma en que divulga sus datos.
César Caballero, quien dirigió la entidad durante el gobierno de Álvaro Uribe, advirtió que la situación podría afectar tanto las comunicaciones como la credibilidad de las estadísticas oficiales. Piedad Urdinola, quien encabezó el DANE durante todo el gobierno Petro (2022-2026) y dejó el cargo en julio pasado, se sumó al llamado a preservar el carácter técnico e independiente del organismo.
El exministro Alejandro Gaviria fue más incisivo: cuestionó públicamente cómo puede ser compatible el respeto a la independencia técnica del DANE con despedir a su director por hacer público un análisis interno, y preguntó si de ahora en adelante los funcionarios deberán pedir permiso antes de divulgar cualquier hallazgo.
Las voces políticas
La reacción no tardó en politizarse. Legisladores del Pacto Histórico, como Gustavo Bolívar, defendieron el manejo de las cifras durante el gobierno anterior y recordaron que en 2024 el DANE reportó un crecimiento económico del 1,7%, por debajo de lo esperado, sin que Petro cuestionara el dato. La representante Mafe Carrascal fue más allá y calificó la salida de Valencia como un acto de censura, argumentando que las cifras «incomodaban ideológicamente» al nuevo gobierno.
Desde la orilla oficialista, el argumento es distinto: que no puede darse por sentada la limpieza de un proceso estadístico sin que medien auditorías, y que la comunicación institucional debe ajustarse a las directrices del nuevo gobierno.
Por qué importa
Más allá de la disputa coyuntural entre gobiernos, lo que está en juego es la confianza en el instrumento con el que Colombia mide su realidad: desempleo, pobreza, inflación, crecimiento. Son las cifras que sustentan decisiones de política pública, negociaciones salariales y hasta la percepción internacional del país. Si cada cambio de gobierno se traduce en un cambio de director motivado por lo que ese director dice —y no por cómo hace su trabajo técnico—, el riesgo no es solo la salida de un funcionario: es que las estadísticas oficiales empiecen a leerse como declaraciones políticas y no como datos.
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