El recién posesionado gobierno de Colombia, liderado por el presidente Abelardo de la Espriella, ha desatado una ola de condena internacional al reconocer formalmente la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán. Esta decisión, anunciada el 10 de agosto de 2026, convierte a Colombia en el segundo Estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en adoptar esta postura, después de Estados Unidos en 2019, y marca un profundo giro en la política exterior del país sudamericano.

La medida fue comunicada por la Cancillería colombiana apenas tres días después de la posesión de De la Espriella en Cali, y se justificó citando la «persistente inestabilidad regional» y los atentados del 7 de octubre de 2023. Además del reconocimiento de la soberanía sobre el Golán, la administración anunció el restablecimiento de relaciones con Israel –rotas en 2024 por el anterior gobierno de Gustavo Petro–, el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén y el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental. Este paquete de decisiones ha generado una inmediata y contundente reacción de rechazo por parte de la comunidad internacional, especialmente del mundo árabe y de la propia ONU.

Los Altos del Golán: Un Territorio en Disputa desde 1967

Los Altos del Golán son una meseta estratégica de aproximadamente 1.200 kilómetros cuadrados, capturada por Israel a Siria durante la Guerra de los Seis Días en 1967. Israel anexó unilateralmente este territorio en 1981, una acción que nunca fue reconocida por la comunidad internacional. En respuesta a esta anexión, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió la resolución 497 ese mismo año, declarando «nula y sin efecto jurídico» la imposición de leyes, jurisdicción y administración israelí sobre la zona.

Durante casi cuatro décadas, ningún país miembro de la ONU respaldó la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Esta postura de consenso internacional se mantuvo hasta 2019, cuando Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, reconoció esta soberanía. En ese momento, la Unión Europea rechazó el giro estadounidense, reafirmando su posición de que el estatus del Golán no había cambiado y que, conforme al derecho internacional y las resoluciones 242 y 497 del Consejo de Seguridad, no reconocía la soberanía israelí sobre un territorio considerado ocupado.

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Condena Unánime del Mundo Árabe y la ONU

La decisión colombiana ha provocado una condena generalizada. Siria fue la primera en pronunciarse, calificando el reconocimiento colombiano como una «violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y de la resolución 497», e insistiendo en que el Golán es «parte integrante» de su territorio. La Liga Árabe, a través de su secretario general Nabil Fahmy, declaró que el anuncio colombiano es «jurídicamente nulo» y carece de valor, urgiendo a Bogotá a reconsiderar su postura. Egipto, Arabia Saudita, Catar, Irak y Kuwait también expresaron su rechazo, reiterando que el Golán es «tierra árabe siria ocupada» y advirtiendo sobre las implicaciones de desconocer las resoluciones de la ONU.

Turquía, aunque no es un país árabe, se sumó a la condena, calificando la decisión de «esfuerzo unilateral sin base jurídica».

Desde la ONU, el enviado especial adjunto del secretario general para Siria, Claudio Cordone, recordó que el secretario general António Guterres ha reafirmado que el Golán es territorio sirio ocupado, y que la aceptación colombiana de la anexión israelí «contraviene directamente el derecho internacional». La Autoridad Palestina también condenó la decisión, tildándola de «violación flagrante del derecho internacional» y una alineación con políticas de «ocupación, anexión y apropiación de tierras por la fuerza».

Contexto Político Colombiano: Un Giro Inesperado

Este cambio drástico en la política exterior colombiana ocurre en un momento particular para el país. El presidente Abelardo de la Espriella asumió el cargo en Cali, en la región del Valle del Cauca, un departamento con una importancia estratégica por su salida al Pacífico y su relevancia económica. Históricamente, el suroccidente colombiano, que incluye el Valle del Cauca, ha sido un corredor vital para el comercio, pero también una zona compleja por la presencia histórica de grupos armados y por ser un punto neurálgico en la disputa por el control territorial y de economías ilícitas. La elección de Cali para la posesión presidencial puede interpretarse como un intento de descentralizar el poder y señalar una atención especial a esta región.

El anuncio sobre el Golán se produjo, además, mientras Colombia se recuperaba de las consecuencias de un devastador terremoto que dejó más de cien muertos en el occidente del país. Esta coincidencia temporal ha generado cuestionamientos sobre las prioridades del nuevo gobierno y la oportunidad del anuncio en medio de una crisis humanitaria interna.

La administración De la Espriella ha marcado una clara diferencia con la política exterior de su predecesor, Gustavo Petro, quien había adoptado una postura más crítica hacia Israel y había roto relaciones diplomáticas. Este giro representa una realineación geopolítica para Colombia, que ahora se distancia de la posición mayoritaria en las Naciones Unidas y se alinea con la política exterior estadounidense de la era Trump, abriendo un debate significativo sobre el futuro de sus relaciones diplomáticas con el mundo árabe y su rol en los organismos multilaterales.

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