La proliferación de productos para el cuidado vulvovaginal, promovidos bajo el concepto de «vulvacare» en plataformas como TikTok e Instagram, ha generado una seria preocupación entre los profesionales de la ginecología. Estos productos, que incluyen cremas hidratantes, lociones «antiedad», limpiadores con aloe, aceites con esencia y desodorantes vaginales, prometen «evitar los malos olores» o hacer que la zona luzca «lo mejor posible». Sin embargo, ginecólogas advierten que la mayoría son innecesarios y pueden resultar perjudiciales para la salud.
La «piel vulvar es supremamente delicada»
La tendencia del «vulvacare» se presenta como una extensión del «skincare» facial, trasladando la idea de cuidado intensivo a la zona genital femenina. Luz Amparo Díaz, ginecóloga de la Universidad Nacional, señala que esta práctica se basa en el concepto de aplicar los mismos principios de cuidado de la piel del rostro a la vagina y la vulva.
No obstante, Andrea Paola Plazas, profesora del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Universidad Javeriana y jefa de la Unidad Quirúrgico-Obstétrica del Hospital San Ignacio, enfatiza que «cuando se trata del cuidado íntimo de la zona genital femenina, la premisa es: entre menos hagas, mejor». Explica que muchos productos comercializados no están formulados para esta área sensible, y sus componentes, aunque aptos para la piel del rostro o el cuerpo, pueden tener un efecto adverso en el área genital.
La piel de la vulva posee una gran cantidad de terminaciones nerviosas que pueden alterarse fácilmente. Ingredientes como la espuma y otros componentes presentes en jabones, limpiadores o cremas pueden causar irritación, inflamación crónica, ardor, picazón, dermatitis o erupciones. «La piel vulvar es supremamente delicada», resume Plazas, quien aconseja que la higiene íntima debe favorecer la preservación de la microbiota y del tejido sano.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Diferencia entre vulva y vagina: clave para un cuidado adecuado
Una de las razones por las que esta tendencia genera confusión es el desconocimiento sobre la anatomía femenina. Muchas mujeres no distinguen entre vulva y vagina. Mientras que la vulva es la parte exterior del aparato reproductor (clítoris, labios mayores, labios menores), la vagina es una cavidad interna.
Esta distinción es fundamental porque, aunque la vulva requiere un aseo específico, la vagina tiene sus propios mecanismos de auto-limpieza y equilibrio. «La vulva necesita un aseo guiado por especialistas. La vagina no; se limpia sola», aclara Plazas.
Riesgos para el equilibrio microbiótico vaginal
Manuela Cerón, ginecóloga y obstetra especialista en ginecología estética, funcional y regenerativa, explica que la vagina aloja una microbiota de microorganismos, principalmente lactobacilos, que mantienen un ambiente ácido esencial para prevenir infecciones. Estos lactobacilos, además de reducir el pH, producen sustancias antimicrobianas, compiten con bacterias dañinas y regulan la respuesta inmune, según una revisión de estudios de 2026 en Infection and Immunity.
Cualquier sustancia externa puede desestabilizar esta microbiota, reduciendo los lactobacilos y alterando el pH. Esto abre la puerta a infecciones como la vaginosis bacteriana, candidiasis o infecciones urinarias recurrentes. Las duchas vaginales, por ejemplo, pueden eliminar bacterias protectoras y solo deberían usarse bajo prescripción médica.
El vello púbico y los «malos olores» naturales
El vello púbico también juega un papel protector, actuando como una barrera física para la vulva. Eliminarlo completamente no es una condición para una buena higiene, contrariamente a lo que se promueve en ocasiones. «Les están enseñando a las niñas que depilarse es parte del cuidado vulvar», advierte Díaz.
Asimismo, la publicidad del «vulvacare» suele presentar el olor, el flujo o la humedad natural de la zona como problemas a corregir. Sin embargo, Díaz, especialista en patología del tracto genital inferior y colposcopia, subraya que el flujo vaginal en una mujer sana tiene una función protectora y no es señal de falta de higiene. La piel tiene glándulas sudoríparas y es natural que, después de hacer ejercicio o un día de trabajo, la zona tenga un olor particular que no debe ser estigmatizado.
Esta idealización de una vagina «limpia», sin olor ni flujo, no es un fenómeno reciente. En Reino Unido, los desodorantes vaginales se popularizaron a partir de 1963, a pesar de las advertencias médicas sobre irritaciones e infecciones urinarias. La historiadora Daisy Payling, en un artículo de 2023 para Gender & History, documenta cómo el lenguaje publicitario, centrado en la «frescura», fue clave para su éxito, incluso llegando a distribuir kits en colegios para establecer el uso como un hábito de por vida.
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