Bogotá D.C. La excandidata presidencial y actual dirigente del Centro Democrático, Paloma Valencia, ha ofrecido una introspectiva sobre su fallida campaña de 2026, señalando una brecha fundamental entre la profundidad de sus propuestas y la expectativa emocional del electorado colombiano. En una reciente entrevista con el periodista Andrés Acevedo para el podcast Atemporal, Valencia articuló que, mientras su equipo se afanaba en diseñar soluciones «sensatas, creíbles y técnicamente viables» para los problemas del país, no logró la conexión que otras candidaturas, como la de Abelardo de la Espriella, sí consiguieron.
El dilema entre propuesta y emoción en la contienda electoral
La reflexión de Valencia apunta a un cambio paradigmático en la comunicación política. Según sus declaraciones, la campaña del Centro Democrático se volcó en la elaboración de un programa robusto, invirtiendo tiempo y recursos en estudiar y plantear alternativas detalladas. Sin embargo, este enfoque no se tradujo en el impacto electoral deseado, llevando a Valencia a la tercera posición en la primera vuelta presidencial, muy por debajo de las expectativas generadas tras obtener más de 3.2 millones de votos en la Gran Consulta por Colombia el 8 de marzo de 2026.
El contraste lo estableció con la estrategia de otros contendientes. Valencia citó a Carlos Suárez, estratega de la campaña de Abelardo de la Espriella (uno de los candidatos que avanzó a segunda vuelta junto a Iván Cepeda), quien, según ella, enfatizó que las campañas no se ganan solo con propuestas, sino con la capacidad de generar una conexión emocional. «La gente lo que quería era mucho más una canción, bailar, cantar, que saliera humo y sentir como ¡guau! Y nosotros no hicimos eso», admitió Valencia, resumiendo una desconexión con una parte del electorado que buscaba más espectáculo y menos disertación técnica.
Un giro en la percepción del votante colombiano
La autocrítica de Paloma Valencia, aunque es una lectura posterior a los resultados, es relevante por el lugar que ocupó en la Gran Consulta y su posterior descenso en la primera vuelta presidencial. En la consulta, obtuvo 3.236.286 votos. Sin embargo, en la primera vuelta del 31 de mayo, sus sufragios se redujeron a aproximadamente 1.64 millones, representando el 6.92 % de la votación total.
🛒 Ofertas destacadas · Enlace de afiliado





🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Este descenso invita a un análisis más profundo sobre las tendencias del votante colombiano en las recientes elecciones. Históricamente, el electorado ha oscilado entre la búsqueda de figuras fuertes y la demanda de programas de gobierno claros. No obstante, las últimas contiendas han mostrado una creciente influencia de las redes sociales, la personalización de la política y una predilección por mensajes que, aunque puedan ser simplistas, resuenan emocionalmente y crean una identificación inmediata con el candidato.
La afirmación de Suárez, replicada por Valencia, de que «las campañas no se ganan con la razón, las campañas no se ganan con las propuestas» sino con la movilización de emociones, parece haber cobrado especial relevancia en el ciclo electoral de 2026. Esto sugiere que los partidos tradicionales y sus líderes podrían estar subestimando la evolución de la comunicación política y la manera en que los ciudadanos, especialmente las nuevas generaciones, interactúan con los mensajes de campaña. La búsqueda de «identidad política reconocible» y un acercamiento más directo y menos formal, tal como la campaña de De la Espriella lo hizo a través de redes sociales, se perfila como una estrategia cada vez más efectiva.
Contexto político y social en Colombia
La autocrítica de Paloma Valencia no ocurre en un vacío. Colombia atraviesa un periodo de polarización política y reacomodo de fuerzas tras un ciclo electoral caracterizado por la ruptura de esquemas tradicionales. La presidencia de Gustavo Petro, la primera de izquierda en la historia reciente del país, ha redefinido el tablero político, obligando a las fuerzas de centro y derecha a replantear sus estrategias y narrativas. En este escenario, la capacidad de conectar con las bases populares y generar un sentido de pertenencia se ha vuelto primordial. La población, a menudo desilusionada por promesas incumplidas y una percepción de desconexión de la clase política, parece demandar una aproximación más auténtica y menos acartonada, donde la emoción y el carisma pueden superar la profundidad de un plan de gobierno. El desafío para los partidos tradicionales radica en adaptar su discurso sin perder la seriedad que, en teoría, debería fundamentar la gobernanza.
Lecciones para futuras campañas
La experiencia de Valencia en 2026 ofrece una lección clave para futuras aspiraciones políticas. Ya no basta con tener las «mejores» propuestas; es imperativo saber comunicarlas de una manera que resuene con el imaginario colectivo y despierte emociones. Los votantes, cada vez más expuestos a un caudal de información y entretenimiento, esperan que la política también compita en el terreno del impacto y la conexión personal. La dicotomía entre la razón y la emoción en la política no es nueva, pero su agudización en la era digital plantea un reto considerable para los estrategas de campaña. La habilidad para equilibrar un programa sólido con una narrativa cautivadora será fundamental para quienes aspiren a cargos de elección popular en Colombia.
La propia Paloma Valencia reconoce que su análisis es una interpretación post-electoral, pero subraya una verdad ineludible: en la política moderna, la forma de transmitir el mensaje es tan crucial como el mensaje mismo.
🛒 Ofertas destacadas · Enlace de afiliado





🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →
Comentarios recientes