El salario mínimo real en Colombia experimentó un incremento significativo del 39% entre 2022 y 2026, bajo la gestión del Gobierno de Gustavo Petro. Esta cifra, desglosada en un análisis del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), destaca como uno de los indicadores económicos más relevantes del periodo y un factor directo en el poder adquisitivo de los trabajadores colombianos.
La relevancia de este dato radica en que el «salario real» ajusta el valor nominal del salario por el efecto de la inflación. Es decir, no solo considera cuántos pesos recibe un trabajador, sino cuánto puede comprar con esos pesos después de que los precios de bienes y servicios también han aumentado. En este sentido, el incremento del 39% subraya una ganancia efectiva en la capacidad de compra, superando el alza general de los precios durante el mismo lapso.
Un cambio de tendencia frente a la última década
Para contextualizar la magnitud de este crecimiento, el estudio del CEPR contrasta el periodo actual con la década anterior. Entre 2012 y 2022, el salario mínimo real en Colombia había logrado un aumento cercano al 9% en diez años. La administración Petro, en apenas cuatro años (2022-2026), ha superado ese crecimiento casi cuatro veces, marcando una ruptura clara con la tendencia histórica reciente.
Este comportamiento del salario real se consolida como un punto central en el balance económico del actual Gobierno. A su vez, el Instituto de Pensamiento Progresista señala que, a partir de la Sentencia C-815 de 1999, que exigió ajustar el salario mínimo al menos a la inflación, se inició una recuperación gradual. No obstante, el incremento real bajo Petro, estimado en un 28,75% por esta misma fuente (al considerar el periodo presidencial completo), supera con creces el 11,36% del gobierno de Iván Duque y el 7,03% del primer mandato de Juan Manuel Santos, convirtiéndose en el mayor incremento real del salario mínimo desde su unificación en 1984.
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El más reciente incremento decretado por la administración Petro estableció el salario mínimo básico de 2026 en $1.750.905 mensuales. Al sumar el auxilio de transporte, el ingreso mensual alcanza los $2 millones para los trabajadores que tienen derecho a este beneficio. Se estima que aproximadamente 2,4 millones de trabajadores, quienes perciben directamente el salario mínimo, se han beneficiado de estos ajustes.
Es fundamental comprender la diferencia entre salario nominal y salario real. Un aumento nominal del salario puede ser ilusorio si la inflación lo anula. Por ello, la ganancia real del 39% es un indicador crucial, pues significa que, incluso descontando el aumento de precios, los trabajadores han experimentado una mejora sustancial en su poder adquisitivo. Esto representa una recuperación de la capacidad de compra que, según RTVC Noticias, había caído un 1,4% en el gobierno Duque (2019-2022).
Salario mínimo y desempleo: desmintiendo preocupaciones
Históricamente, los incrementos significativos del salario mínimo han generado debate sobre su posible impacto negativo en la generación de empleo y el aumento de la informalidad. Sin embargo, el análisis del CEPR indica que, durante el mismo periodo de aumentos reales del salario, Colombia experimentó una reducción del desempleo y de la informalidad laboral.
Esta observación sugiere que el incremento del salario mínimo no se tradujo en un deterioro generalizado del mercado laboral. Si bien el comportamiento del empleo es multifactorial (influenciado por el crecimiento económico, el consumo, la inversión y otras políticas), la coexistencia de un aumento considerable del salario real y una disminución del desempleo representa un hallazgo relevante para el balance económico del periodo.
Contexto económico y social en Colombia
El debate sobre el salario mínimo en Colombia siempre ha sido un termómetro de las tensiones entre la justicia social y la estabilidad económica. En un país con profundas brechas de desigualdad, como lo es Colombia, donde gran parte de la población vive de ingresos cercanos al mínimo y la informalidad laboral sigue siendo un desafío estructural, un incremento sostenido del salario real puede tener un impacto directo en la reducción de la pobreza y en la dinamización del consumo interno. Sin embargo, históricamente, los empleadores han advertido sobre los riesgos de encarecer la mano de obra, lo que podría desincentivar la contratación y fomentar la informalidad. Los datos presentados por el CEPR y otras fuentes sugieren que, al menos en este periodo, se ha logrado un equilibrio en este aspecto, generando un beneficio tangible para los trabajadores sin afectar negativamente las cifras de empleo. Este escenario se alinea con la agenda del Gobierno Petro, que ha priorizado la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y la redistribución de la riqueza.
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