Juliana Guerrero y su hermana Verónica Guerrero se encuentran nuevamente bajo el foco público tras la revelación de supuestas pruebas que las vincularían a una compleja red de corrupción. La revista Semana ha hecho públicas una serie de evidencias que incluyen conversaciones de WhatsApp, grabaciones de audio, registros de consignaciones bancarias y testimonios de empresarios, que, según la publicación, delinean el funcionamiento de un esquema para la adjudicación irregular de contratos estatales.
Orígenes de la presunta red de corrupción
Los hechos, según lo expuesto, se remontan al segundo semestre de 2024. Varios empresarios, principalmente de las regiones de Norte de Santander, Cesar, Valle del Cauca y Santander, habrían entrado en contacto con las hermanas Guerrero. Estas, presuntamente, les habrían prometido intermediación para la obtención de contratos en diversas entidades gubernamentales.
El modus operandi que describe la investigación sugiere un costo inicial de un millón de pesos por una primera reunión. Posteriormente, Juliana Guerrero se encargaría de las gestiones ante el Gobierno. A cambio de esta intermediación, los empresarios deberían desembolsar 200 millones de pesos, además del 10% del valor total de cada proyecto que les fuera adjudicado.
Manejo de los recursos y la figura de David Trespalacios
La información apunta a que una parte de estos fondos se habría canalizado a través de David Trespalacios, persona supuestamente cercana a las hermanas Guerrero. No obstante, diferencias internas y la sospecha de un presunto desvío de dinero por parte de Trespalacios habrían llevado a las hermanas a modificar el método de recaudo, optando por recibir los pagos directamente en sus cuentas bancarias, pese a una inicial reticencia a manejar el dinero de esta forma directa, según lo afirma Semana.
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🔥 Lo más vendido en TemuToca para ver precios y ofertas →Proyectos y menciones a altos funcionarios
Las conversaciones de WhatsApp citadas en la investigación contendrían referencias a gestiones específicas, tales como proyectos de acueductos en el Cesar, iniciativas de mejoramiento de vivienda y otros contratos adscritos al sector público. En estos intercambios, las hermanas Guerrero habrían asegurado su capacidad de influencia y acceso a funcionarios gubernamentales, mencionando reuniones, nombramientos y el seguimiento de procesos contractuales.
Un aspecto particularmente sensible de la investigación es la aparición, en algunos chats, de la expresión “jefe de jefes”. Según los empresarios denunciantes, esta frase se utilizaba para referirse al presidente Gustavo Petro, con el objetivo de infundir confianza y asegurar el avance de las supuestas gestiones.
Otras conversaciones harían referencia a la interacción con entidades gubernamentales de alto nivel, entre las que se incluyen:
- Ministerio de Vivienda
- Ministerio del Interior
- Ministerio de Ambiente
- Ministerio de Igualdad
- Agencia Nacional de Tierras
- Fondo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana
- Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE)
Contexto político y social en Colombia
Este caso emerge en un momento de constante escrutinio sobre la transparencia en la contratación estatal en Colombia. Históricamente, las regiones del Valle del Cauca, Cesar y Santander han sido epicentro de debates y denuncias relacionados con el uso indebido de recursos públicos y la injerencia política en la adjudicación de contratos. La mención de proyectos como los acueductos o los programas de vivienda subraya la vulnerabilidad de sectores clave para el desarrollo social frente a posibles prácticas corruptas. La promesa de acceder a contratos en entidades como la Agencia Nacional de Tierras o el Ministerio de Vivienda resuena con las necesidades urgentes de infraestructura y desarrollo territorial que ha planteado el actual gobierno, haciendo que cualquier indicio de irregularidad sea especialmente relevante para la opinión pública y las instituciones de control.
Denuncias previas y la implicación de Angie Rodríguez
La investigación de Semana también retoma declaraciones de Angie Rodríguez, exdirectora del DAPRE, quien ya había denunciado la presunta influencia de Juliana Guerrero en diversas dependencias del Gobierno. Estas nuevas revelaciones vendrían a reforzar y contextualizar sus afirmaciones previas, dotándolas de un nuevo marco probatorio.
Los tres empresarios que sirvieron como fuente para la revista Semana han manifestado haber entregado una suma superior a los 600 millones de pesos. Sostienen que, a pesar de los pagos, los contratos prometidos nunca se materializaron. Posteriormente, sus intentos por recuperar el dinero no habrían obtenido respuesta, lo que los llevó a hacer pública su denuncia. La difusión de estos chats y recibos intensifica la presión sobre las hermanas Guerrero y subraya la necesidad de una investigación profunda por parte de las autoridades competentes para esclarecer la veracidad de estas acusaciones y determinar las responsabilidades a las que haya lugar.
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