La arena política colombiana se ha agitado tras las recientes declaraciones de Abelardo de la Espriella, quien aspira a la Presidencia. El abogado y precandidato generó una fuerte polémica al afirmar que, de ser elegido, aplicaría en Colombia estrategias de seguridad similares a las implementadas por el primer ministro Benjamín Netanyahu en Palestina. Esta aseveración ha provocado una inmediata reacción y críticas vehementes desde diversos sectores, particularmente de la oposición y de analistas que alertan sobre los riesgos de tal enfoque en un país con una historia compleja de conflicto armado interno.

De la Espriella y la Lógica del ‘Defensa del Pueblo’

La controversia se originó cuando De la Espriella exaltó abiertamente la gestión de Netanyahu al frente de las operaciones militares israelíes. «Está haciendo lo que tiene que hacer para defender a su pueblo. Y es exactamente lo mismo que voy a hacer yo para defender a Colombia», declaró el precandidato, cuyo discurso se ha caracterizado por una línea dura en materia de orden público y seguridad.

Estas afirmaciones buscan proyectar una imagen de firmeza ante la percepción de inseguridad que afecta a la ciudadanía, apelando a la necesidad de acciones contundentes para proteger al Estado y a sus habitantes. Sin embargo, la analogía elegida ha resonado de manera particularmente delicada, dada la intensidad y las consecuencias humanitarias del conflicto israelo-palestino.

Contexto de las Declaraciones y Reacciones Críticas

Las palabras de De la Espriella no tardaron en ser objeto de escrutinio. Uno de los voceros más incisivos fue Luis Carlos Reyes, exdirector de la DIAN, quien cuestionó la viabilidad y las implicaciones éticas de un modelo de seguridad basado en la estrategia militar israelí en Gaza. Reyes, citando informes de UNICEF con corte a febrero de 2026, cifró las consecuencias de dicha ofensiva:

  • Más de 71.000 palestinos muertos, incluyendo unos 20.000 niños.
  • Cerca de 171.000 heridos.
  • Desplazamiento forzado de la mayoría de los dos millones de habitantes de la Franja de Gaza.
  • Destrucción del 60% de la infraestructura urbana de Gaza.

El exfuncionario advirtió que la adopción de un modelo semejante en Colombia podría acarrear graves consecuencias en términos de víctimas civiles, desplazamiento y destrucción de infraestructuras, además de una posible escalada de la violencia.

De la Espriella: Historial y Vínculos con el Paramilitarismo

La crítica a las declaraciones de De la Espriella se profundizó al vincular su postura actual con su historial como abogado y sus comentarios pasados sobre grupos armados ilegales. Voceros de la campaña alternativa recordaron que el ahora precandidato ha fungido como defensor judicial de exjefes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

En el pasado, De la Espriella llegó a justificar el accionar de figuras como Salvatore Mancuso, paramilitar extraditado a Estados Unidos y luego deportado a Colombia. Los críticos señalan que la retórica de fuerza que hoy promueve el precandidato guarda preocupantes similitudes con las dinámicas de un conflicto interno que, según la Comisión de la Verdad, dejó más de 205.000 víctimas fatales a manos del paramilitarismo en todo el territorio nacional.

Implicaciones del Discurso para el Futuro de Colombia

El debate suscitado por las palabras de De la Espriella resalta la persistente tensión en Colombia entre el manejo coercitivo de la seguridad y el respeto por los derechos humanos en un contexto de posconflicto, aunque aún marcado por la presencia de grupos armados ilegales. La propuesta de una seguridad ‘estilo Netanyahu’ llega en un momento delicado para el país, donde la consolidación de la paz y la búsqueda de soluciones integrales a la violencia son temas centrales.

El suroccidente colombiano, por ejemplo, sigue siendo una región fuertemente afectada por la confrontación de grupos armados al margen de la ley con la fuerza pública y entre sí, disputándose economías ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal. Lugares como el Valle del Cauca y el Cauca (en especial Popayán y sus alrededores) experimentan a diario los rigores de la violencia, el desplazamiento forzado y la afectación a comunidades indígenas y afrodescendientes. En este escenario, cualquier propuesta de seguridad que evoque modelos con altos costos humanitarios genera una preocupación palpable entre la población y los defensores de derechos humanos, quienes abogan por soluciones que prioricen la protección de la vida y el fortalecimiento del tejido social, por encima de una lógica de confrontación que podría replicar los ciclos de violencia que el país ha intentado superar durante décadas.

La discusión sobre las declaraciones de De la Espriella no se limita a una confrontación política, sino que interpela directamente la visión de país que se busca construir: una donde la seguridad se logre a través de estrategias que eviten a toda costa la repetición de los horrores del pasado reciente, o una que, bajo el argumento de la mano dura, podría abrir la puerta a escenarios de violencia indiscriminada.