Bogotá, Colombia – La cortesía digital, ese simple «por favor» o «gracias» que muchos añaden a sus interacciones con inteligencias artificiales como ChatGPT, acarrea un costo ambiental considerable, según una reciente y alarmante advertencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas revela que la huella de carbono y el consumo de energía y agua de los centros de datos, epicentro de la IA, están escalando a niveles preocupantes, rivalizando con los de grandes naciones. Este estudio, publicado el 3 de junio, insta a los usuarios a ser más concisos y menos prolijos para mitigar el impacto climático de cada consulta.

El Impacto Energético de los Centros de Datos y la IA

La expansión exponencial de la inteligencia artificial es el principal motor del crecimiento desmedido de los centros de datos. Actualmente, la IA representa alrededor del 20% del consumo energético de estos complejos, una cifra que se proyecta se dispare hasta el 40% para el 2030. Solo el año pasado, los centros de datos a nivel global devoraron 448 billones de vatios hora de electricidad, una cantidad superior a la consumida por casi la totalidad de los países, con solo diez excepciones. Esta demanda energética descontrolada generó aproximadamente 189 millones de toneladas de dióxido de carbono, un equivalente impactante al total de emisiones de Argentina. Adicionalmente, producir esta ingente cantidad de energía requirió el uso de unos 4,5 billones de litros de agua.

El coautor del estudio, Kaveh Madani, especialista en recursos hídricos y director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas en Canadá, subraya la magnitud de estos números: «Si se observan estas cifras, vemos magnitudes comparables a las de los Estados». Para el 2030, se estima que los centros de datos representarán casi el 3% del consumo eléctrico mundial, alcanzando los 935 billones de vatios hora. De ser una nación, sería el sexto mayor consumidor de electricidad a nivel global, generando cerca de 399 millones de toneladas de dióxido de carbono.

La «Cortesía Digital» y su Costo Oculto

La tendencia de interactuar «educadamente» con la IA, un hábito adoptado por el 70% de los usuarios según una encuesta de Future en 2024, tiene implicaciones directas en el consumo de recursos. Según Madani, frases como «por favor» o «gracias», aunque inocuas a simple vista, amplifican el procesamiento y, por ende, el consumo energético. El informe sugiere que reducir el número de palabras en las peticiones en un 30% podría disminuir el consumo de energía de la IA en un 25%, lo que equivaldría al ahorro de electricidad anual de unas 700.000 personas en África.

Una consulta estándar a sistemas como ChatGPT consume alrededor de 200 veces más energía que un filtro básico de correo no deseado. La generación de imágenes o videos por IA dispara aún más estos requerimientos. Además, a medida que los modelos de IA se vuelven más complejos, la energía necesaria para su entrenamiento se dispara. Por ejemplo, mientras GPT-3 utilizó unos 1.300 millones de vatios hora para su entrenamiento, su sucesora requirió entre 50.000 y 70.000 millones de vatios hora. Sorprendentemente, no es el entrenamiento lo que consume más energía, sino las consultas diarias: la coautora Miriam Aczel destaca que el 90% del consumo energético de la IA proviene de las peticiones durante su uso, con GPT solo acumulando 2.500 millones de solicitudes al día.

Falta de Transparencia y la Paradoja de la Eficiencia

Uno de los mayores obstáculos para cuantificar y gestionar eficientemente este impacto es la falta de transparencia por parte de muchas empresas y regiones. No solo ocultan el consumo real de sus centros de datos e infraestructuras de IA, sino también su ubicación y tamaño. Fengqi You, profesor de ingeniería energética en la Universidad Cornell, enfatiza: «No podemos gestionar aquello que las empresas no revelan».

Otro punto crucial es la paradoja de la eficiencia. Aunque la industria tecnológica argumente que sus máquinas son cada vez más eficientes, esta mejora conduce a un uso más frecuente y extendido, lo que a su vez dispara el consumo total de energía, a pesar de que cada uso individual sea más eficiente. Madani también alerta sobre las empresas que se jactan de usar energías renovables: esto puede acaparar los recursos de energía limpia, obligando a otros sectores a depender de fuentes más contaminantes.

Un Llamado Urgente a la Conciencia Ambiental Digital

El informe de la ONU marca un hito al ser la primera evaluación global de este tipo, arroja luz sobre los daños ambientales de la IA, un tema que hasta ahora había permanecido en la sombra. Si bien el presidente de la National Artificial Intelligence Association, Caleb Max, defiende los beneficios sociales de la IA y su creciente eficiencia, el estudio subraya que los impactos negativos no pueden ignorarse. La reciente decisión de Monterey Park, California, de prohibir permanentemente los centros de datos, es un testimonio del creciente reconocimiento de este problema a nivel local.

La advertencia de la ONU es un llamado perentorio a la reflexión sobre nuestros hábitos digitales. La IA, que a primera vista parece «limpia» por la ausencia de humo visible, está respaldada por una infraestructura física que demanda vastos recursos. La conciencia de esta huella de carbono digital y el compromiso individual con interacciones más concisas y eficientes serán clave para mitigar las consecuencias ambientales de la era de la inteligencia artificial. La próxima vez que envíe una consulta a una IA, quizás el ahorro de un «por favor» no solo sea más eficiente, sino también un pequeño gesto a favor del planeta.